Mostrando entradas con la etiqueta Imperio romano. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Imperio romano. Mostrar todas las entradas

sábado, 21 de junio de 2008

Julio César


Julio César

La biografía de Julio César tuvo todos los ingredientes para convertirlo en una figura mítica. César fue un hábil estratega y un militar valeroso, cuyas victorias permitieron extender el territorio romano; fue un político sagaz, cuyas medidas populistas le granjearon el afecto de grandes estratos de la población. De la misma manera, destacó como un literato excepcional, cuyos escritos, como La guerra de las Galias, se cuentan entre los más logrados del latín clásico. Las conquistas de César permitieron que gran parte de Europa adoptase costumbres y modelos latinos. Igualmente, las medidas que adoptó como jefe del Estado romano (entre las que se incluían reformas en la legislación agraria y en el calendario) impulsaron cambios irreversibles en Europa.

Cayo Julio César nació el 13 de julio del año 100 antes de Cristo (según la fecha más comúnmente aceptada) en un barrio no muy aristocrático de Roma, cercano a la actual vía Cavour. Se sabe poco de su infancia, transcurrida en el seno de una familia patricia, la gens Julia, que pretendía descender de Eneas (a quien se consideraba hijo de Venus), y en la cual, en algún momento, se había insertado una rama que agregó el nombre de César. Los miembros de la familia habían vivido al margen de la lucha continua por los cargos que permitían hacer carrera pública hasta llegar al consulado, la aspiración máxima.

La infancia y la primera juventud eran breves en aquellos tiempos. Desde los diez años, César fue puesto al cuidado de Marco Antonio Gnifón, ilustre maestro, especialista en literatura griega y romana, para que se ocupase de su educación. Aprendió a leer y escribir en la traducción de la Odisea hecha por Livio Andrónico. Seguramente sus dotes naturales le permitieron aprovechar al máximo las enseñanzas de su maestro, de modo que fue perfeccionando su lenguaje y aprendiendo los rudimentos de la oratoria, fundamentales para una carrera política.


Julio César

Si bien su familia no había ocupado altos cargos, las inclinaciones del grupo le volcaban hacia el partido popular. Julia, una hermana del padre de César, se había casado con Cayo Mario, plebeyo de origen pero hombre muy poderoso por su capacidad militar. La familia ingresó, probablemente a través de Mario, en los círculos del partido popular. El padre de César no pudo sino acceder al segundo cargo de mayor importancia del Estado, la pretura. Ostentaba dicho cargo cuando su hijo, de quince años, debió asistir a la ceremonia por la que se abandonaban las vestiduras infantiles orladas de púrpura y se recibía la toga viril.

A los quince años, en aquel 85 en el que moriría su padre, César era un hombre. Inmediatamente tomó por esposa a Cornelia, hija de Cinna, uno de los dirigentes máximos (junto con Cayo Mario) del partido popular y hombre todopoderoso en Roma. Con esta decisión, la gens Julia terminó por asociarse en forma definitiva con los intereses del pueblo, enfrentándose al corrompido patriciado romano. Todo esto debió de resultar algo duro para César, que era un joven que llevaba una vida libre de prejuicios, liberado ya de la rigidez de su maestro e inclinado hacia todo tipo de lecturas, incluido el teatro.

Para casarse con Cornelia tuvo que romper un compromiso anterior, lo que provocó tensiones en el seno de la familia. César tuvo con ella una hija, Julia, a la que estuvo vinculado toda su vida y por la que siempre sintió un profundo afecto, a pesar de que su relación matrimonial con Cornelia fue casi circunstancial. Al iniciarse su vida matrimonial, César debió de ingresar en el círculo de hombres importantes de los que se rodeó su tía Julia, viuda ya de Mario. En esa época fue designado flamen dialis, es decir, sacerdote de Júpiter, el más importante de los dioses romanos.

En el 82, Sila, que había vencido a Mitrídates, haciéndole retroceder a las primitivas fronteras de su reino en el Ponto, regresó victorioso a Roma y, como era habitual, tomó cumplida venganza sobre sus adversarios «populares»; los asesinó, proscribió el ascenso a cargos públicos de sus descendientes, incautó sus bienes e instauró una nueva forma de estado, inaugurando un tipo de dictadura absoluta por tiempo indefinido, concepto jurídico que César no olvidaría en el futuro. Pero de momento Sila, que tuvo algunas consideraciones con las familias patricias inclinadas hacia el populismo, exigió a César que repudiara a Cornelia. César respondió al mensajero de Sila con un famosa frase: "dile a tu amo que en César sólo manda César" y optó por el exilio en Asia.

Nada de esto fue fácil; César fue perseguido y se puso precio a su cabeza. Tuvo que comprar su libertad a un soldado que le había encontrado, y finalmente, por ruegos de familiares cercanos al dictador y la intermediación de sacerdotisas de la diosa Vesta, Sila indultó «al joven de la toga suelta», epíteto que aludía a la costumbre de César de no ajustarse el cinturón de su toga, que caía así libremente, según un uso que entonces se consideraba poco viril. Fue un perdón a regañadientes. Sila había columbrado el temible porvenir del muchacho cuando afirmó, según Suetonio, que Caesari multos Marios inesse (en César hay muchos Marios), queriendo significar con esa frase el peligro que entrañaba su resuelta personalidad. César, no obstante, no se abrevió a regresar a Roma y pasó al servicio del propretor Termes, el cual, por ser César hijo de un miembro del Senado, le confirió el grado de oficial. Participó así en la toma de Mitilene de Lesbos, ciudad aliada con Mitrídates, y su comportamiento militar le valió una condecoración.

Termes decidió entonces enviarlo a la corte de Nicomedes, rey de Bitinia, un reino en la costa sur del mar Negro y el mar de Mármara, a fin de afianzar relaciones. Entre Nicomedes y César se trabó una íntima amistad que fue objeto de rumores, algo muy habitual de la época, por otra parte. El hecho es que César volvió un par de veces a Bitinia y que, a la muerte de Nicomedes, el reino sería incorporado a Roma como una provincia más, pasando todos sus habitantes a ser «clientes» de César. Éste ya era dictador absoluto de Roma, y aun en las grandes celebraciones (una curiosa muestra de la libertad de la que algunos gozaban en la Roma de aquellos días) sus propios soldados cantaban coplas en las que burlonamente se referían a sus probables relaciones homosexuales con Nicomedes. Sus enemigos le recordarían a menudo este oprobioso episodio, llegando a bautizarle con el infamante sobrenombre de Bithynicam reginam (reina de Bitinia).

El ascenso al poder

Muerto Sila, César regresó a Roma en el 78. En su corta vida había ya adquirido bastante experiencia en los negocios públicos y había ejercitado su capacidad de mando. Sin duda César pensó que la muerte de Sila le permitiría un rápido progreso entre los populares, pero se equivocaba. Sila había dejado todo bien atado, y el poder de los conservadores optimates ("hombres excelentes"), que dominaban el Senado, detenía al partido popular. Julio César, político nato (y así hay que entenderlo siempre para comprender el sentido de muchos de sus actos), se propuso profundizar en la comprensión del laberinto de la cosa pública. Consideró que su formación aún no había sido completada y viajó a Rodas para estudiar retórica con Apolonio de Molón, un brillante y renombrado maestro quien encontró en su discípulo excelentes cualidades innatas para la elocuencia. Sólo Cicerón, que también había recibido lecciones de Apolonio, le superó entre sus contemporáneos en el arte de la oratoria.


El emperador Julio César, de Rubens

En el viaje fue raptado por los piratas que asolaban el Mediterráneo y que vivían del rescate que exigían por sus víctimas. La historia ha sido sin duda exagerada, pero el temor y el respeto que, según se ha repetido, los piratas llegaron a sentir por él, son ilustrativos de la arrogancia de César y de su capacidad para fascinar incluso a sus enemigos. Una vez libre reunió un pequeño ejército, fletó barcos y arremetió contra los piratas, a los que venció, quedándose él y sus soldados con todo cuanto poseían. Los supervivientes de la aventura fueron finalmente crucificados en Mileto, y César emprendió una inmediata campaña contra Mitrídates, que volvía a levantarse contra el imperio. Desconocía entonces el testamento de Nicomedes, hecho de singular importancia para él, ya que el rey de Bitinia le dejaba un legado que, junto con el botín de los piratas, saneaba su situación económica, siempre maltrecha.

No obstante, la campaña contra Mitrídates fue confiada a otras manos, porque la muerte en el 74 de su tío Aurelio Cota dejaba vacante un cargo en el Colegio de Pontífices de Roma, cargo que solicitó y que le fue concedido, como también, al año siguiente, el de tribuno militar. Estas designaciones no hicieron más que acelerar la carrera política de César. En el 68 era cuestor y viajó a la Hispania Ulterior. Se cuenta que César lloró ante la estatua de Alejandro Magno, erigida en la ciudad de Cádiz, pensando en qué poco podía parangonarse su carrera con la del conquistador de Oriente y cuánto deseaba emular en su fuero interno al invencible general macedonio. En cierta ocasión quedó trastornado por un sueño en el que aparecía violando a su propia madre, pero los adivinos le profetizaron por ello buenos augurios, puesto que interpretaron que la madre simbolizaba la Tierra, madre de todas las cosas, y ello significaba que se adueñaría del mundo. Y lo cierto es que, vertiginosamente, fue acumulando dignidades en los años sucesivos. En el 65 fue designado edil curul; en el 63 murió el presidente del Colegio de Pontífices, y César, con veintisiete años, presentó su candidatura enfrentado a Catulo, dirigente de los optimates.

César sabía que emprendía una aventura económica (la lucha por el poder exigía siempre dinero) y que si perdía sería implacablemente perseguido. Pero la elección mostró la popularidad de que gozaba entre el pueblo, y fue nombrado pontifex maximus. La pretura, el peldaño inmediatamente anterior al consulado, llegó en el 62, y fue enviado como propretor a Hispania Ulterior, territorio que ya conocía muy bien, donde no sólo hizo sólidas amistades, sino que enriqueció el erario público, con gran satisfacción de Roma, y fortaleció notablemente su pecunia personal y su capacidad de mando sobre un gran ejército, condición indispensable para el éxito político en Roma. Cuando en el año 60 regresó a la Ciudad Eterna, el camino estaba abierto para la gran aventura.

El triunvirato y la guerra de las Galias

El paso a la condición máxima de cónsul lo dio en el año 59. Consciente de las fuerzas del Senado (dominado siempre por los conservadores), en el que César se había librado inteligentemente de sus desafortunadas vinculaciones con el rebelde Catilina, comprendió que sólo una alianza entre poderosos podía neutralizar a los équites. Propuso entonces a su viejo amigo y valedor, Craso, constituir, juntamente con Pompeyo, una sociedad de defensa mutua que los obligara a actuar siempre por unanimidad (institución luego conocida como «triunvirato»). La alianza fue efectiva y César, en compañía de Calpurnio Bíbulo (un candidato de los équites), fue designado cónsul.

El triunvirato se fortaleció, además, con el matrimonio de Pompeyo con Julia, la hija de César. César, a su vez, se casó con Calpurnia. Había repudiado por infidelidad a Pompeya, su segunda esposa, en el 62, después de un escandaloso episodio: durante los misterios de la Bona Dea, una fiesta nocturna exclusiva para mujeres que tenía lugar en casa del propio Julio César, una de las sirvientas descubrió la presencia de un intruso disfrazado de mujer, Publio Clodio, lo que provocó la indignación de las asistentes. Se acusó a Pompeya de ser amante de Clodio, extremo éste que nunca pudo probarse. César no quiso dar crédito a la denuncia y absolvió a ambos del delito de adulterio en el que se habían visto inculpados. Todo el mundo se asombró de que aun así repudiara a su esposa, pero él contestó con una frase que se ha hecho famosa: "la mujer de César no sólo debe ser casta, sino parecerlo".

La legislación progresista de César tenía una base agraria. Hizo votar leyes de reparto de tierras a los veteranos y de asentamiento de colonos en tierras conquistadas, práctica que luego se extendió a toda Italia, concediendo además a los colonos la plena nacionalidad romana. Bíbulo, ante la imposibilidad de oponerse a César, optó por el retiro. El tribuno de la plebe, Publio Vatinio, antiguo amigo y asociado de César, a fin de evitar el juicio de César por los conservadores después de su consulado, propuso una ley que el Senado no pudo sino aprobar, por la que se le concedían en calidad de procónsul (lo que impedía su juicio posterior), y por el término de cinco años, tres legiones, las provincias de las Galias cisalpina y transpadana y la Iliria. Estas concesiones fueron renovadas por cinco años más en abril del 56, en la reunión de Lucca, a la que asistieron los «triunviros».

Craso, mientras tanto, seguía destinado en Siria, donde dirigió la guerra contra los partos y en la que murió en el 53, y Pompeyo continuaba en el proconsulado de Hispania. Estas condiciones permitieron que César se hiciera con todo el poder. Para ello todo medio podía ser útil: como pontifex maximus autorizó a Clodio, antiguo amante de su esposa Pompeya, a que fuese adoptado por un plebeyo, para poder así, a pesar de su condición original de patricio, acceder al cargo de tribuno de la plebe. Y así fue como el agradecido Clodio se ocupó de limpiar de enemigos el camino de César.



Campamento romano

Ya en su provincia de la Galia, César parecía decidido a no intervenir en problemas bélicos, pero lo hizo cuando así lo pidieron sus habitantes. Los eduos comenzaban a sentir la amenaza de los helvecios, los cuales a su vez buscaban nuevos territorios, empujados por la invasión de los germanos acaudillados por Ariovisto. Las legiones de César acudieron en ayuda de los eduos, y vencieron a helvecios y suevos. Esto marcó el comienzo de la ocupación sistemática de la Galia por las fuerzas de César, ayudado por sus lugartenientes Labieno y Craso.

Fue una lucha prolongada en la que el país fue literalmente saqueado, un tercio de su población murió luchando y otro tercio probablemente fue vendido como esclavo. Sucesivamente, en acciones en las que César conoció también la derrota, fueron sometidos todos los pueblos galos. En medio de esta lucha, entre los años 55 y 54, César desembarcó en Inglaterra y peleó hasta más allá del Támesis, pero finalmente tuvo que retirarse. Al año siguiente (invierno del 54-53), volvió a agitarse la Galia. Se sublevaron eburones y trevinos, y finalmente todos los pueblos galos, bajo el caudillaje de Vercingetórix. Los romanos conocieron el desastre en la batalla de Gergovia, pero las fuerzas de Vercingetórix fueron sitiadas largo tiempo y finalmente vencidas en Alesia. La rendición de los belovacos (belgas) en Uxellodunum (51) puso punto final a la dominación de las Galias, aunque el sometimiento total sólo se logró en el invierno de diciembre del 51 a febrero del 52, tras reducir pertinaces focos de resistencia.

Los soldados romanos salieron enriquecidos de estas campañas; los oficiales, naturalmente, aún más. César saneó sus finanzas, enriqueció las arcas del Estado, fue largamente generoso con sus amigos y hasta reservó una importante cifra para el futuro. Inundó con tanto oro la ciudad de Roma, que el noble metal se depreció en por lo menos un treinta por ciento. La guerra de las Galias fue registrada en De bello gallico, una de las dos obras conservadas de César, escrita en 52-51, que no sólo es el documento más valioso para el conocimiento de aquel hecho, sino que también debe ser considerada como una pieza maestra del latín clásico.

La guerra civil

La otra obra conservada de Julio César, De bello civili, literariamente inferior a la primera, tal vez porque no tuvo siquiera tiempo de revisar sus manuscritos, se refiere a los hechos que cubren la guerra civil entre los años 49 y 45. El inmenso poder acumulado por César provocó el pánico del partido senatorial, sus enemigos de siempre. Por otra parte, muchos republicanos vieron en este poder el más grave peligro para la república. Y además, circunstancias internas tenían convulsionada a la ciudad. El Senado designó en el 52 a Pompeyo como cónsul único, y cuando el bando senatorial volvió a sentirse fuerte, entre el 51 y el 50, Pompeyo (ahora enemigo de César) le pidió que licenciara a sus legiones y regresara a Roma.

En esa tesitura, vacilante e indeciso, Julio César se hallaba frente al pequeño río Rubicón, que separa la Galia Cisalpina de Italia, cuando, según unos por su proverbial osadía y según otros por imperativo de los hados, fue presa de un impulso irrefrenable y arrastró sus tropas tras de sí exclamando Alea jacta est (¡la suerte está echada!). Esta acción desencadenaría la guerra civil: ocupó Picenas, Umbría y Etruria, se dirigió a Brindisi a interceptar el paso a Pompeyo, aunque no lo consiguió, y volvió sobre sus pasos para entrar en Roma, convocó al Senado e impuso sus condiciones.



César cruza el Rubicón

La batalla definitiva tendría lugar en Farsalia, epopeya cantada por Lucano en versos inmortales. El poeta describe a Pompeyo "en el declinar de sus años hacia la vejez", como "sombra de un gran nombre", y a César como "fogoso e indomable", un hombre que acudía a actuar "dondequiera que le llamara la esperanza o la cólera". Allá se encontraron "enseñas leonadas frente a enseñas iguales y hostiles, idénticas águilas frente a frente y picas amenazando idénticas picas". César venció y Pompeyo huyó a Alejandría, donde murió el 28 de septiembre del año 48 a.C. a manos de soldados de Ptolomeo, quien mantenía un contencioso con su hermana y esposa, Cleopatra, sobre el trono de Egipto. César llegó a Egipto y al enterarse del trágico final de Pompeyo lloró su muerte.

César en Egipto

César llegó a Egipto acompañado por dos legiones, la décima y la duodécima; en total, unos seis mil hombres. Tras acomodar a sus hombres en el palacio real, se dispuso a poner orden en la difícil situación interna del país del Nilo, dividido por el enfrentamiento entre los dos hermanos y esposos reinantes, Ptolomeo XIII y Cleopatra VII. César y Cleopatra mantuvieron una intensa y famosa relación amorosa que daría como fruto un hijo: Cesarión. César dio el trono a Cleopatra (47 a.C.), lo que, unido a la presencia de las tropas romanas en el palacio de los faraones y a la deposición de Ptolomeo XIII, hizo que el pueblo, dirigido por los consejeros fieles al rey, se amotinase y tratase de tomar el palacio.

Durante cuatro meses, César resistió atrincherado en el palacio frente a los sesenta mil hombres del egipcio Aquiles. Finalmente, cuando llegaron los refuerzos dirigidos por Mitridates de Pérgamo, César protagonizó una de sus geniales acciones militares y logró atravesar el cerco egipcio para reunirse con Mitridates, tras lo cual las fuerzas combinadas de ambos destrozaron a las tropas egipcias en una sangrienta batalla en la que falleció Ptolomeo XIII. Cleopatra se trasladó después a Roma, donde vivió hasta la muerte del dictador.

Aquella guerra entre romanos no había terminado aún. César desempeñaba su tercer consulado cuando tuvo que volver a luchar contra las fuerzas senatoriales en Tapso, en abril del 46, y contra las últimas fuerzas de los hijos de Pompeyo en Manda, en marzo del 45, cuando ya era cónsul por cuarta vez. En términos guerreros no quedaba prácticamente nada por hacer. Incluso en medio de la guerra civil, en el 47, había derrotado definitivamente a Farnaces, el eterno enemigo rey del Ponto. Cinco días después de llegar, le presentó batalla y en unas cuantas horas devastó las tropas enemigas. Inmediatamente cursó al Senado romano una célebre y lacónica relación de los hechos: veni, vidi, vici, (llegué, vi, vencí). Jamás fue derrotado personalmente en ningún combate que entablase, aunque sí lo fueran sus generales.

El asesinato

César fue, pues, dueño absoluto de la república romana y del mundo mediterráneo. Se había cumplido el sueño de su juventud: la totalidad del poder, dentro del marco legal de la república. César era imperator y dictador. Como tal, volvió a ejercer su típica clemencia con sus enemigos; no olvidó su política agraria y de asentamiento de colonos; aumentó el número de fiestas populares, aunque cuidándose de no incurrir en gastos ruinosos para el Estado; dispuso normativas económicas y financieras que protegían a los menos fuertes, trató de morigerar el lujo de los poderosos y limitó los gastos en banquetes; diseñó profundas transformaciones políticas, dictó leyes que ampliaban la ciudadanía romana a capas más vastas de la población, y comenzó a pensar en un mundo distinto al hasta entonces conocido dentro de los límites de la ciudad romana.

César estaba convencido de que, para mantener el dominio en Oriente y poder llevar a cabo con éxito la expedición final contra los partos (la única amenaza para el imperio), necesitaba ser rey absoluto fuera de los confines territoriales de Roma. Y éste fue el detonante. Unos sesenta miembros de familias importantes, casi todos senadores, se conjuraron para eliminar a César y restaurar la legitimidad y legalidad de la república, temerosos de que la abrumadora acumulación de cargos y privilegios que recaían en su persona terminase por darle la puntilla a la desvencijada República y César se proclamase a sí mismo rey.

De hecho, algunos comentaristas ponen en su boca estas jactanciosas y desafiantes palabras: "La República no es nada, es sólo un nombre sin cuerpo ni figura". Pero para muchos de ellos fue sin duda un pretexto que disimulaba sórdidos resentimientos y apetitos. Dirigían la conjura Casio, Bruto y Casca. Bruto era hijo de Servilia, la más famosa de las amantes de César, y el propio Julio César lo había acogido como hijo adoptivo y colmado de honores. Casio había luchado junto a César siempre en busca de botín, por lo que no fue difícil comprarlo. Casca, por último, era un tradicional enemigo de Julio César. Probablemente, otros conjurados no tenían otro objetivo que el de eliminar al dictador y se comprometieron, como impuso Bruto, a respetar a su lugarteniente Marco Antonio.

César concurrió al Senado el día 15 (los idus de marzo) a la sesión que discutiría la expedición contra los partos. Fue al Senado a pesar de los ruegos de Calpurnia en el sentido de que no lo hiciera, ya que durante la noche había tenido sueños premonitorios. Alguien retuvo a Marco Antonio en la antesala del Senado. Cuando César se hubo sentado, lo rodearon y lo atacaron con sus puñales y dagas. Según la tradición, ante la puñalada de Bruto, César exclamó kai su teknon, frase en griego que posteriormente se latinizó en la famosa ¡tu quoque, fili mi! (¡tú también, hijo mío!). César emitió un quejido a la primera puñalada, luego se mantuvo en silencio.


Muerte de Julio César (Vincenzo Camuccini, 1798)

Había recibido 23 puñaladas; posiblemente una sola de ellas había sido mortal. Mientras los aterrorizados senadores huían (hecho que no entraba en el plan de los conjurados), César, envuelto en su toga, caía al pie de la estatua de Pompeyo. La sanguinaria escena, augurada por los adivinos y que desataría una nueva guerra fratricida, acredita, siguiendo la descripción de Suetonio, la postrera elegancia del héroe: "Entonces, al darse cuenta de que era el blanco de innumerables puñales que contra él se blandían de todas partes, se cubrió la cabeza con la toga, y con la mano izquierda hizo descender sus pliegues hasta la extremidad de las piernas para caer con más dignidad." El hombre que había ganado un mundo y había contribuido a modificar irreversiblemente el destino de Occidente y de buena parte de Oriente era ya nada más que un despojo sangrante.

El 17 de marzo el Senado se reunió de forma urgente para tratar la crítica situación del estado a raíz del asesinato de César. Se aprobaron medidas de compromiso entre los dos bandos opuestos: los tiranicidas no eran castigados y, a su vez, no se condenaba ni la persona ni la obra de César. El poder recayó en Marco Antonio, que en ese momento ocupaba el consulado junto con César. El testamento de César legaba 300 sestercios a cada ciudadano necesitado de Roma y entregaba sus jardines del Trastevere al pueblo romano, lo que estimuló la devoción popular por su figura hasta extremos impresionantes; se pidió la ejecución de los tiranicidas y se rechazó el compromiso de Marco Antonio con los asesinos de César, lo que a la larga le costaría el poder. Al no tener César herederos varones, en su testamento quedó establecido que su sobrino nieto, Octavio, se convirtiera en su sucesor. Octavio llevaría a cabo las reformas de César y se convertiría en el primer emperador de Roma, con el nombre de Augusto.

Cronología

100 a.C.Nace en Roma en el seno de la gens Julia, familia de ilustre linaje vinculada al líder de los populares, Cayo Mario, tío de Julio César.
84 a.C.Contrae matrimonio con Cornelia. Es nombrado flamen dialis o sacerdote de Júpiter, lo que le proporciona un escaño en el senado.
82 a.C.Dictadura de Sila. Persecución de los populares.
81 a.C.Se niega a cumplir la orden de Sila de separarse de Cornelia. Parte a Asia Menor al servicio del gobernador Marco Minucio Thermo. Fuerte amistad con el rey Nicomedes IV de Bitinia.
78 a.C.Fallece Sila. Julio César regresa a Roma.
74 a.C.Amplia sus conocimientos de retórica en Rodas. Es capturado por unos piratas, de los que toma venganza tras ser liberado.
73 a.C.Regresa a Roma. Inicia su carrera política.
68 a.C.Fallece su esposa Cornelia y contrae matrimonio con Pompeya, nieta de Sila.
65 a.C.Rápidos progresos en su carrera política, gracias al apoyo económico de Craso.
62 a.C.Repudia a Pompeya por supuesto adulterio.
60 a.C.Primer triunvirato de César, Craso y Pompeyo.
59 a.C.Contrae matrimonio con Calpurnia. Es elegido cónsul.
58-51 a.C.Es nombrado procónsul de las Galias. Durante los siete años siguientes dirige las campañas militares conocidas como la guerra de las Galias.
56 a.C.Renovación de triunvirato en la reunión de Lucca.
53 a.C.Fallece Craso. Crisis del triunvirato.
52 a.C.Victoria decisiva de Julio César en las Galias al lograr aplastar la rebelión de los galos acaudillados por Vercingetórix. Pompeyo es nombrado cónsul sine colega, lo que unido a sus otros poderes le sitúa por encima de César.
50 a.C.El senado ordena a Julio César que licencie sus tropas y obedezca a Pompeyo.
49 a.C.El senado declara a César enemigo de Roma. Julio César cruza el Rubicón con sus tropas y marcha hacia Roma: inicio de la guerra civil.
48 a.C.Vence a Pompeyo en Farsalia, Tesalia. Pompeyo huye a Egipto, donde es asesinado. Julio César se traslada a Alejandría. Conoce a Cleopatra.
47 a.C.Derrota a los partidarios de Ptolomeo y coloca a Cleopatra en el trono de Egipto. Retorno a Roma, con poderes absolutos.
44 a.C.Muere asesinado.

Su legado

Julio César fue el gran protagonista del último periodo de la historia de la Roma republicana. Espléndido orador y escritor brillante, destacó sobre todo como insigne general y político, genial, ambicioso, generoso, impulsivo y, al mismo tiempo, resuelto y sutil. Poseedor de una vasta y refinada cultura y de una memoria excepcional, conoció tan bien las doctrinas de los filósofos de la política como la historia de los grandes imperios orientales y sintió asimismo afición a los problemas lingüísticos y gramaticales.

Siendo Julio César aún muy joven, Sila reconoció en él "la madera de muchos Mario". En realidad, fue hasta cierto punto el heredero y continuador de la actividad desplegada por aquel antiguo jefe político, tío suyo, como ocurrió con Pompeyo respecto de Sila: también César se apoyó en el pueblo y fundó en el propio prestigio militar la lucha contra la facción senatorial, que procuró siempre debilitar.

La reforma del estado

Las victorias militares de Julio César habían incrementado de forma notable la extensión de los territorios sometidos a Roma, y la conquista del poder enfrentó a César con la difícil tarea de reordenar el Estado, atacando con energía los múltiples problemas que pesaban sobre Roma y su imperio.


Busto de Julio César (Museo Arqueológico de Nápoles)

Con todo el poder de la República en sus manos, César se lanzó a un ambicioso proyecto de reformas y de lucha contra la corrupción administrativa. César definió su programa con la famosa frase "crear tranquilidad para Italia, paz en las provincias y seguridad en el Imperio". Para restaurar la paz en las provincias, César no recurrió a medidas revolucionarias, sino que favoreció a las clases dirigentes al tiempo que realizó algunas concesiones al resto de la sociedad. Esta doble política le provocó la enemistad incluso de sus seguidores, que no llegaron a comprender la labor de César, el cual lentamente se fue aislando.

En contraste con la múltiple actividad del dictador en el campo social y administrativo, no existió una regulación institucional de su papel sobre el estado, que culminó en el ejercicio de un poder totalitario. Precisamente fueron su aislamiento y los indicios de que aspiraba a crear sobre las ruinas del orden tradicional una posición monocrática los que favorecieron la conspiración, hasta el extremo de que el día de su asesinato sólo dos senadores trataron de defenderle, frente a la total pasividad del resto.

El gobierno de César, tras sus campañas militares, fue realmente de breve duración, de apenas dos años. Durante ese tiempo mantuvo nominalmente las instituciones republicanas romanas, pero adaptándolas a sus planteamientos políticos. Su programa, que intentaba abarcar la totalidad de problemas del Estado, consistía en establecer la seguridad en todo el mundo romano bajo su égida, para lo cual procuró garantizar la paz social, eliminando las bandas armadas, que funcionaban como collegia políticos, sin tomar medidas de represalia contra sus enemigos.

Dos de sus grandes logros fueron la política colonizadora (con la creación de colonias fuera de Italia, sobre todo en Hispania, Galia y África, en las que instaló a veteranos del ejército y a muchos plebeyos urbanos) y la concesión de la ciudadanía romana con la que premió a las personas leales a su causa. Muchas ciudades provinciales pasaron a convertirse en municipa de derecho romano o latino, según los casos. Los soldados percibieron como sueldo el doble de lo hasta entonces cobrado, con lo cual se evitaban posibles descontentos. Con ellos estructuró un ejército de 32 legiones.

Entre sus reformas políticas debe señalarse el aumento del número de senadores, que pasó a ser de novecientos (algunos originarios de la Cisalpina y de la Bética), con lo que tal institución perdía parte de su poder. Las asambleas fueron manejadas según su criterio personal, aunque se guardaron las formalidades republicanas, y las magistraturas se convirtieron, en la práctica, en un cuerpo ejecutivo, con magistrados nombrados en parte por el propio César. Modificó los tribunales, ordenando que se endurecieran las penas a los culpables y publicó una lex Iulia de provinciis por la que se acortaba el mandato temporal de los gobernadores provinciales. Acuñó moneda de oro, dejando para el senado la emisión de las piezas de plata y de cobre. Finalmente, es de destacar la reforma del calendario que efectuó en el 46 a.C., acompasándolo al año solar. En el campo cultural, encargó a Varrón la organización de bibliotecas.

Su obra literaria

Como escritor, César está considerado como uno de los pilares fundamentales de la literatura romana. Sus mejores aportaciones son sus famosos Comentarios a la guerra de las Galias y Comentarios sobre la Guerra Civil, escritos durante las pausas invernales de sus campañas militares. En la primera obra, compuesta por siete libros, describió sus guerras anexionistas con descripciones detalladas sobre las expediciones, conquistas, sublevaciones y derrotas que experimentó en las Galias entre los años 58 y la rendición de Ariovisto en el 52; y en la segunda reflejó en tres libros los hechos acontecidos en el 49 y el 48, con la clara intención de justificar la necesidad del enfrentamiento civil que lo llevó a la cima del poder.

El significado de su obra histórica es complejo. Recogió la tradición de los hombres públicos que, para difundir su discurso y afianzar electores, utilizaban la publicación de crónicas bélicas, memorias o panfletos; pero fue original porque añadió el lenguaje técnico y el léxico conciso aprendido de la tradición militar helena. Utilizó un estilo sencillo, y un lenguaje desprovisto de adornos, breve y austero.


Una edición de 1783 de los Comentarios

En los Comentarios a la guerra de las Galias difundió su papel de estratega y líder militar, y no necesitó tanto justificar sus acciones porque los romanos le apoyaban. Se trataba de mostrar, en una versión oficial dirigida contra las interpretaciones hostiles, que la conquista de la Galia (con la cual, en realidad, Julio César había rebasado los límites de su cargo de gobernador de la provincia Narbonense) fue provocada por la actitud amenazadora de los mismos galos. Sin embargo, en los Comentarios sobre la Guerra Civil cambió de objetivos y elaboró un conjunto de sutiles justificaciones para ocultar su responsabilidad en los inicios del conflicto que dividió a Roma y achacar al Senado la responsabilidad de la guerra civil; y utilizó todos sus recursos narrativos y retóricos para consolidar el poder y honor conseguidos.

Ya los propios coetáneos alabaron la claridad y precisión de los Comentarios, así como su estilo, "sermo imperatorius", que tiende directamente a su objeto con la rapidez propia del hombre de acción. El estilo de los Comentarios a la guerra de las Galias fue elogiado por Cicerón como "sobrio, sin artificio, elegante", "como un cuerpo que se hubiera despojado de su vestidura". Sin embargo, no puede tampoco negarse a ambos textos el espíritu polémico y el carácter tendencioso que, hábilmente disimulados mediante el silencio guardado acerca de algunos detalles y la presentación de otros bajo la luz más favorable al autor, perjudican su objetividad, por lo demás desacostumbrada en las memorias de personajes políticos. Con todo, las dos obras constituyen una valiosa fuente de información respecto a acontecimientos decisivos para la historia de Roma. Su prosa resulta sugestiva, a pesar de cierta monotonía debida al empleo de los discursos indirectos en un tono propio de parte de guerra, generalmente indiferente (aunque no siempre) a los pasajes oratorios propios de lo escrito con intenciones artísticas.

También escribió otros textos de los cuales se conservan sólo fragmentos, como algunos discursos y poemas, y De analogía, obra compuesta originalmente por dos libros dedicados a Cicerón, a quien pese a las diferencias políticas consideró como una figura fundamental de la elocuencia latina. Los dos Anticatones, obras propagandísticas de finales de la República, fueron muy conocidos en su época pero no se conservaron y sólo se les conoce por las citas de sus contemporáneos.

Fotos

Figura fundamental en la transición de la República al Imperio Romano, las excepcionales dotes de político, estratega y escritor de Julio César le han convertido en el personaje más célebre de la antigüedad, cuya fama ha perdurado hasta nuestros días. Su carrera política y militar le condujo, tras la guerra de las Galias y la victoria sobre Pompeyo en la guerra civil, a hacerse con el control absoluto del poder, desde el que se propuso acometer reformas que posibilitasen mantener la creciente influencia de Roma sobre el Mediterráneo, pero el complot que terminó con su vida le impidió ver realizados sus proyectos. Las siguiente serie de fotografías permite seguir la extraordinaria trayectoria del ambicioso estadista romano. Haz clic en las miniaturas para ampliarlas.

Clic para ampliar Clic para ampliar
Busto de Julio César
Un joven ambicioso
Clic para ampliar
Clic para ampliar
La guerra de las Galias
César y Cleopatra
Clic para ampliar
Clic para ampliar
El asesinato de César
Dos mil años de fama
El gran estadista romano Julio César destacó, entre otras facetas, como brillante estratega militar. En ese aspecto sobresalen sus campañas de las Galias, territorio que conquistó para Roma, y, casi de inmediato, su victoria sobre Pompeyo en la guerra civil, contra cuyas tropas hubo de combatir por casi todo el Mediterráneo hasta lograr el triunfo definitivo. De tales hechos dio cumplida cuenta en los siete libros que componen los Comentarios a la Guerra de las Galias y en los tres de los Comentarios a la Guerra Civil, obras ciertamente no exentas de parcialidad, pero en las que se reveló además como un elegante escritor de estilo vivo y directo. El siguiente vídeo repasa la trayectoria militar del general romano.

Ver video

Obtenido de http://www.biografiasyvidas.com/monografia/julio_cesar/

domingo, 13 de abril de 2008

Poncio Pilatos

Poncio Pilatos

Ecce Homo, obra de Antonio Ciseri donde puede verse a Poncio Pilato presentando a un azotado Jesús de Nazareth ante el pueblo de Jerusalén.
Ecce Homo, obra de Antonio Ciseri donde puede verse a Poncio Pilato presentando a un azotado Jesús de Nazareth ante el pueblo de Jerusalén.

Poncio Pilato, también conocido como Pilatos (en latín, Pontius Pilatus), prefecto de la provincia romana de Judea entre los años 26 y 36 de nuestra era.

Los detalles de su biografía antes y después de su nombramiento como prefecto son desconocidos, pero han sido suplidos por la leyenda, la cual incluye el supuesto nombre de su esposa, Santa Procula (fue canonizada como santa por la Iglesia Ortodoxa) y el probable nacimiento de Pilatos en Tarraco. Es santo para la Iglesia ortodoxa etíope.

Fue designado procurador de Judea por Tiberio, a instancias de su prefecto pretorio, Lucio Elio Sejano, adversario de Agripina y señalado como antisemita.

Intentó romanizar Palestina sin éxito, introduciendo imágenes de culto al César, y trató de construir un acueducto con los fondos del Templo. Las desaveniencias con el pueblo judío le llevaron a trasladar su centro de mando de Cesárea a Jerusalén para controlar mejor las revueltas. Pilatos enfrentaba además grupos extremistas entre los que se contaba Barrabás quien había asesinado a un soldado romano. Estos grupos subversivos daban mucho quehacer a Pilatos.

Pilatos y su nexo con la historia

Pilatos habría pasado desapercibido por la historia de no haber sido actor de primera línea en un hecho histórico-religioso.

Pilatos era un gobernador romano que actuaba con un cierto grado de dureza respecto de los grupos disidentes de Roma, era además obligadamente respetado por la autoridad judía, pero aunque tenía contacto con Herodes, procuraba rehuirlo.

El hecho que hace histórico a Pilatos es el ajusticiamiento de Jesús de Nazaret que es presentado a Pilatos como un enemigo de los judíos por parte del Sanedrín y que intenta además abolir la figura de César.

Pilatos al interrogarlo declara que no halla culpabilidad en él, sin embargo, los fariseos y saduceos obligan a Pilatos a ejecutarlo aduciendo que se eleva por sobre la figura del César, a lo que Pilatos al final cede.

Procula, su esposa le advierte que el hombre cuya vida está en sus manos es un santo porque en sueños se le ha manifestado y Pilatos resuelve aplicar la ley de los judíos con Jesús presentándolo ante el pueblo junto con Barrabás, capturado cuando intentaba otro atentado.

La fiesta judía exponía la salvación de uno de los condenados que se presentasen. Los judíos eligen a Barrabás y Jesús es condenado a la crucifixión.

Pasado este evento se sabe que Poncio Pilatos tenía cierto contacto con Herodes regularmente, posteriormente marchó a Roma luego de un conflicto con Vitelio. El gobernador de Siria, Vitelio, destituye a Pilatos en el 36 ó 37, debido a la dureza con que reprimió a los samaritanos en el Garizín. El emperador Calígula lo desterró a las Galias donde probablemente murió según otras fuentes históricas, también se dice que se suicidó.

En su novela histórica documentada "Poncio Pilatos", el profesor de historia clásica Paul L. Mair, sugiere que Pilatos pudo verse influido en su decisión de condenar a Jesús, por el hecho de que, tras descubrirse la conspiración de Lucio Elio Sejano, prefecto del Pretorio, para usurpar el poder imperial en perjuicio de Tiberio, y tras la muerte por envenenamiento de Druso, el hijo del emperador, causada por Sejano, Tiberio decidió reprimir duramente a todos los partidarios y asociados a Sejano.

Este profesor también sugiere que, como Pilatos había sido promovido a su cargo de prefecto de Judea por influencias de Sejano, tras la muerte de éste se sintió amenazado y obligado a obedecer en todo al emperador, para no provocar su recelo ni volverse sospechoso de conspiración y ser por lo tanto perseguido como partidario de Sejano. También, el autor referido supone que, al haber tenido Sejano una marcada política antisemita, tras su muerte el emperador Tiberio ordenó a Pilatos modificar el trato hacia los judíos en su país, principalmente el respeto irrestricto a sus creencias religiosas. De tal manera que, al momento en que Jesús se enfrenta al Gran Sanedrín que lo acusaba de blasfemo para matarlo, Pilatos se encontraba en una situación comprometida, ya que no le resultaba conveniente desafiar ni contradecir a las autoridades religiosas judías, por lo que, aunque nunca llevó una relación amistosa con ellas por ser un contrapeso para su poder, se vio obligado a darles la razón y conceder la ejecución de Jesús, aún sin creer en su culpabilidad. Ya que, como este historiador retrata a Pilatos como una persona indiferente aún frente a la religión romana, y mucho más frente a la judía, para Pilatos, según el autor, el que Jesús se proclamara un "rey" espiritual, resultaba insignificante, pero no lo era que fuera acusado como supuesto enemigo político del emperador y menos si los acusadores eran los miembros del Senado judío, con los que Pilatos compartía el poder en Palestina.

Sobre la intervención de Herodes Antipas en el juicio de Jesús, Paul L. Mair tiene la teoría de que, por una parte, Pilatos no deseaba dar la razón al Sanedrín para ejecutar a Jesús sólo por un cargo religioso de blasfemia, porque eso significaba doblegarse al poder del Sanedrín y convertirse en un mero ejecutor de sus órdenes, algo con lo que Pilatos no estaría personalmente de acuerdo porque le disgustaba tener que compartir autoridad con los sacerdotes judíos. Y, por otra parte, Pilatos tampoco llevaba una buena relación con Herodes Antipas, ya que consideraba a éste como un enemigo político y un espía que intrigaba en su contra ante el emperador romano, en su intento porque se eliminara la prefectura de Judea y se restaurara a su favor el antiguo imperio de Herodes el Grande. Por lo cual, con el pretexto de ser Jesús galileo, pero sobre todo de que Herodes era mejor conocedor de la religión judía que él, Pilatos aprovecha la argucia legal para enredar a Herodes Antipas en el problema, tratando de provocar que fuera Herodes quien ejecutara a Jesús, sobre todo para incrementar su desprestigio ante sus súbditos galileos, que ya le despreciaban por la ejecución de otro profeta, Juan el Bautista. Pero Herodes no cae en la trampa, y según el escritor, habría eludido juzgar y ejecutar a Jesús, no porque creyera en su inocencia, sino porque justamente no quería volver a jugar el papel de asesino de profetas. Por todas esas circunstancias, es decir, tanto por el deseo de no ceder ante la presión de los sacerdotes judíos ni darles la razón en sus acusaciones religiosas, como por la negativa de Herodes para hacerse cargo del caso, es que, según el escritor, Pilatos habría decidido juzgar personalmente a Jesús según el procedimiento de la ley romana. Es decir, Pilatos habría decidido, en lugar de limitarse a convalidar y ejecutar la condena a muerte impuesta por el Sanedrín, juzgar íntegramente el caso en su papel de administrador de justicia y según las leyes romanas y no judías.

Paul L. Mair especula que, como el Gran Sanedrín había empezado por atribuir cargos meramente religiosos a Jesús, a los que Pilatos no dio ninguna importancia, el consejo judío se vio obligado a inventarle cargos de tipo político, como el ser un subversivo y enemigo del César. Justamente, en ese punto el referido escritor, supone que los sumos sacerdotes judíos podrían haber presionado a Pilatos, al hacerle la observación de que, si no castigaba a un líder rebelde al imperio, como supuestamente sería Jesús al proclamarse "Rey de los Judíos" desafiando al César, con eso se convertiría él mismo en un cómplice de rebelión contra el emperador. Lo que, desde luego, habría representado una seria amenaza para Pilatos, porque en su delicada situación, provocar el enojo del César podría haberle representado su propia muerte.

El autor sugiere que Pilatos literalmente se vio obligado a condenar a Jesús para salvar su propia vida, y que para justificar la ejecución, ya que no creía en cuestiones de religión judía, en su informe oficial Pilatos refirió que había condenado a Jesús como responsable del cargo de "lesa maiestas" o rebelión contra el emperador. Incluso, el escritor alude por una parte, a una supuesta correspondencia donde el propio Tiberio amenaza a Pilatos con examinar a fondo su relación con Sejano si le desobedecía en lo más mínimo en su nueva política pro-judía, y también especula que Pilatos, tras ordenar la ejecución de Jesús, habría hecho notar a su esposa, que su propia vida y carrera estaban en juego, porque liberar a quien se hacía llamar rey, habría representado un insulto supremo al emperador, y estando éste receloso de su relación con Sejano, podría haber significado el arresto del mismo Pilatos y, en el peor de los casos, su ejecución como asociado de Sejano.

El escritor a que nos referimos, entiende que Pilatos nunca quiso sinceramente salvar a Jesús, es decir, no lo intentó por simpatía hacia él, sino sólo para confrontarse con los senadores judíos, y para tratar de demostrarles que no estaba dispuesto a ceder tan fácilmente a sus presiones. Pilatos según el autor despreciaba hasta cierto punto a los judíos en general por ser tan difíciles de gobernar y también a los sacerdotes judíos. Incluso, propone que el letrero que Pilatos colocó encima de la cruz con la frase "Jesús Nazareno, rey de los judíos", no era honorífico, sino un escarnio hacia todo el pueblo judío, pues por las palabras que el autor pone en boca de Pilatos, los judíos "se merecen un rey como éste". También, sobre el episodio de haberse lavado las manos por la condena a muerte de crucifixión, el escritor parece sugerir que Pilatos, más que querer descargarse en su conciencia por haber ordenado la condena, lo que quería era simplemente transferir la responsabilidad de la decisión a los judíos, en especial a los sacerdotes, y dar así a entender, que lo había decidido no porque estuviera convencido sino sólo porque había sido presionado.

Paul L. Mair menciona el episodio de la rebelión del monte Gerizim y la destitución de Pilatos como prefecto, así como su llamado a Roma para dar cuentas de su administración. Sin embargo, sugiere que Pilatos ya no llegó a enfrentarse con Tiberio, quien le esperaba muy enfadado por su forma de reprimir esa rebelión, pero quien supuestamente habría muerto antes de la llegada de Pilatos. En cambio, el escritor propone un escenario donde Pilatos sería juzgado por el incidente, personalmente por Calígula, sucesor de Tiberio, y sería sujeto burlonamente a una condena de destierro por influencias e intrigas de Julio Herodes Agripa, sobrino de Herodes Antipas y favorito del mismo Calígula.

También en la novela indicada, se reconstruyen ciertos episodios del gobierno de Pilatos en Judea, como la primera rebelión que tuvo que enfrentar a causa de que unos soldados romanos en la Fortaleza Antonia, emplazada frente al templo de Jerusalén, tuvieron la ocurrencia de ondear estandartes con los bustos de Julio César y Octavio y de quemar incienso frente a ellos, lo que los judíos interpretaron como idolatría y profanación de su ciudad. Se indica que Pilatos tuvo que controlar esta revuelta concentrando y amenazando con ejecutar a un gran número de judíos en el estadio de Cesárea. También se habla de otra gran revuelta con motivo de la construcción de un acueducto. Pilatos supuestamente había tenido la intención de mejorar el suministro de agua para la ciudad, trayendo el líquido de los montes circundantes, pero por el alto costo del proyecto, tuvo la idea de pedir fondos del tesoro del templo para financiar, enterado de que los donativos de los fieles judíos eran muy altos y llegaban de todo el mundo conocido. Los sacerdotes judíos se habrían negado en principio, alegando que el Corbán o tesoro del templo era sagrado, pero después accedieron bajo dos condiciones: primero, que Pilatos no dijera el origen de los fondos y segundo, que el principal depósito de agua se concentrara justamente en las cisternas debajo del templo. Sin embargo, según la novela los judíos terminaron por descubrir el origen de los fondos, y los sacerdotes judíos alegaron que los habían forzado a cooperar, por lo que sintiendo nuevamente profanada su ciudad, los judíos desafiaron a Pilatos en una manifestación de varios días, que se resolvió cuando, de acuerdo al relato, Pilatos hizo que varios de sus soldados se mezclaran entre los revoltosos, disfrazados de civiles, y que los atacaran y aplacaran por sorpresa. Esta acción se describe como sumamente cruel sobre todo porque Pilatos ordenó atacar a los inconformes a pesar de que no estaban armados.

Igualmente se describe que la situación de Pilatos en Judea era sumamente difícil no sólo por la frecuencia de las revueltas de los inconformes judíos, sobre todo los del partido zelote de Galilea, sino porque la provincia era despreciada por la administración imperial, de modo que según el autor, Pilatos en tiempos de Jesús apenas habría dispuesto de unos tres mil soldados (seis cohortes) para controlar toda la provincia. Ya que el prefecto Pretorio, Sejano, se habría negado persistentemente a incrementarle las tropas, alegando que la provincia de Siria, la más importante del oriente, reclamaba mucha más protección por estar en los confines del imperio. Por todo esto, se indica que Pilatos no podía permitir que ninguna revuelta creciera demasiado.

Llegando más al terreno de la ficción, Paul L. Mair narra una supuesta relación de Pilatos con Cornelio, el centurión convertido después al cristianismo por el apóstol Pedro, sugiriendo que Pilatos habría conocido al centurión durante el servicio de éste en Judea. También, el escritor inventa un encuentro entre Pilatos y Saulo -después conocido como San Pablo- durante su viaje de regreso a Roma para su juicio, en el que el predicador habría hecho notar al ex-prefecto la trascendencia de su condena contra Jesús. También, propone una relación de amistad entre Pilatos y Casio Quereas, tribuno de perfil republicano que habría participado en el asesinato de Calígula, asesinato que, de nuevo, le permitiría a Pilatos conservar la vida ya que, dentro de la narración, Pilatos era visto como uno de los candidatos a morir por las arbitrarias ejecuciones de Calígula.

Por último, Paul L. Mair sugiere que Pilatos habría sobrevivido al reinado de Calígula, que habría presenciado el ajusticiamiento de Casio Quereas por orden del emperador Claudio y que, ya anciano, habría empezado a darse cuenta de la dimensión de la figura de Jesús y de su papel en la crucifixión, e incluso, que el propio Pilatos habría tenido que aceptar que, sin ese episodio, su ambíción personal de pasar a la historia estaría frustrada.

El propio Paul L. Mair, tanto en el prólogo como en el epílogo de su libro, indica que sus explicaciones sobre la actuación de Pilatos en el juicio de Jesús, son especulaciones personales basadas en las escasas evidencias históricas sobre el prefecto de Judea.

No existen muchos datos más acerca de Pilatos, a excepción de las que le relacionan con la muerte de Jesús de Nazaret:

  • Apareció en este tiempo Jesús, un hombre sabio. Fue autor de hechos sorprenden­tes; maestro de personas que reciben la verdad con placer. Muchos, tanto judíos como griegos, le siguieron. Algunos de nuestros hombres más eminentes le acusaron ante Pilato. Este lo condenó a la cruz. Sin embargo, quienes antes lo habían amado, no dejaron de quererlo. Y hasta hoy, la tribu de los cristianos, que le debe este nombre, no ha desaparecido. (Flavio Josefo, año 93 ó 94)
  • Cristo había sido ejecutado en el reinado de Tiberio por el procurador Poncio Pilato; la execrable superstición, momentáneamente reprimida, irrumpía de nuevo, no sólo en Judea, origen del mal, sino también por la Ciudad (de Roma), lugar en el que de todas partes confluyen y donde se celebran toda clase de atrocidades y vergüenzas. (Tácito, año 116 ó 117)


La iglesia etíope cree que Pilatos se hizo eventualmente cristiano y lo venera como santo. Hay quienes opinan que se suicidó, hecho improbable por lo demás.

Pilatos en los Evangelios

  • Según los Evangelios, Jesús fue apresado por un grupo de hombres armados, por orden de Caifás y los sumos sacerdotes. Solicitaron a Pilatos que le ejecutara, ya que la pena capital sólo podía ser aplicada por los romanos. A pesar de no hallarlo culpable, Pilatos deja que el pueblo decida entre liberar a un preso de nombre Barrabás o liberar a Jesús.

El pueblo liderado por los sumos sacerdotes escogen la liberación de Barrabás y la crucifixión de Jesús. Ante esa decisión Pilatos se lavaba las manos para indicar que no quería hacer parte de la decisión tomada por la muchedumbre. Pilatos dice "No soy responsable por la sangre de este hombre". A lo que la multitud responde "Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros descendientes."

Filmografía [editar]

Año Película Director Personaje
2007 En busca de la tumba de Cristo Giulio Base Hristo Shopov

|1979|| La vida de Brian|| Terry Jones ||

Enlaces externos

Fuente:
http://es.wikipedia.org/wiki/Poncio_Pilato

sábado, 12 de abril de 2008

León I el Magno (Papa)

León I
Image:greatleoone.jpg
Nombre León
Comienzo del papado 29 de septiembre de 440
Fin del papado 10 de noviembre de 461
Predecesor Sixto III
Sucesor Hilario
Fecha de nacimiento ha. 390
Lugar de nacimiento Toscana (Italia)
Fecha de muerte 10 de noviembre de 461
Lugar de muerte Roma (Italia)
Papa nº 45

León I el Magno o el Grande, (* Toscana, ha. 390 – Roma, † 10 de noviembre de 461). Papa de la Iglesia católica de 440 a 461.

Primero de los tres papas apodados "El Grande", León era hijo de un tal Quintianus y los datos históricos más antiguos lo sitúan como diácono en Roma bajo el pontificado de Celestino ISixto III quien, a petición del emperador Valentiniano III, lo envía a la Galia con la misión de resolver el enfrentamiento entre Aëcio, el comandante militar de la provincia, y el magistrado Albino.

En esta misión se encontraba León cuando tras fallecer el papa Sixto III, el 19 de julio de 440, conoce su elección como nuevo pontífice. Se dirige entonces a Roma donde es consagrado el 29 de septiembre.

Combatió exitosamente, mediante la celebración de varios concilios, el maniqueísmo que desde África se había extendido por Italia, el pelagianismo que había rebrotado en Aquilea, y el priscilianismo que se mantenía en España.

Durante su pontificado se celebró, en 451, el Concilio de Calcedonia que proclamó la divinidad y la humanidad de Cristo, "consustancial al Padre por su divinidad, consustancial a nosotros por su humanidad". Ante las afirmaciones de las herejías que sostenían la separación entre el Padre y el Hijo, considerado como inferior al Padre, León restableció la tradición ortodoxa en su célebre su carta dogmática a Flaviano, Tomus Leonis, y que fue aprobada por el concilio con las palabras: "Pedro ha hablado a través de León",

El episodio más conocido de su pontificado fue su encuentro, en 452 en la ciudad de Mantua, con Atila, el rey de los hunos, quien había invadido el norte de Italia obligando al emperador Valentiniano III a abandonar la corte de Rávena y refugiarse en Roma.

León convence a Atila para que no marche sobre Roma logrando la retirada de su ejército tras la firma de un tratado de paz con el Imperio Romano a cambio del pago de un tributo.

Encuentro entre el Papa León I y Atila
Encuentro entre el Papa León I y Atila

Este hecho tuvo una gran importancia simbólica ya que, aunque el Imperio Romano seguiría existiendo hasta 476, sitúaba como principal fuerza política de Europa a la Iglesia y no el Imperio.

Unos años más tarde, en 455, en una situación similar, no obtuvo tanto éxito cuando los vándalosGenserico saquearon Roma, y el papa sólo pudo impedir el incendio de la ciudad y el respeto a la vida de sus habitantes. de

Fue canonizado en 1574, y su festividad se celebra el 10 de noviembre, día de su muerte en 461.

Enlaces externos


Predecesor:
Sixto III
Papa
440-461
Sucesor:
Hilario

jueves, 20 de marzo de 2008

Aristóteles

Aristoteles

Aristóteles nació en el año 384 a.C. en una pequeña localidad macedonia cercana al monte Athos llamada Estagira, de donde proviene su sobrenombre, el Estagirita. Su padre, Nicómaco, era médico de la corte de Amintas III, padre de Filipo y, por tanto, abuelo de Alejandro Magno. Nicómaco pertenecía a la familia de los Asclepíades, que se reclamaba descendiente del dios fundador de la medicina y cuyo saber se transmitía de generación en generación. Ello invita a pensar que Aristóteles fue iniciado de niño en los secretos de la medicina y de ahí le vino su afición a la investigación experimental y a la ciencia positiva. Huérfano de padre y madre en plena adolescencia, fue adoptado por Proxeno, al cual pudo mostrar años después su gratitud adoptando a un hijo suyo llamado Nicanor.

Aristóteles

En el año 367, es decir, cuando contaba diecisiete años de edad, fue enviado a Atenas para estudiar en la Academia de Platón. No se sabe qué clase de relación personal se estableció entre ambos filósofos, pero, a juzgar por las escasas referencias que hacen el uno del otro en sus escritos, no cabe hablar de una amistad imperecedera. Lo cual, por otra parte, resulta lógico si se tiene en cuenta que Aristóteles iba a iniciar su propio sistema filosófico fundándolo en una profunda critica al platónico. Ambos partían de Sócrates y de su concepto de eidos, pero las dificultades de Platón para insertar su mundo eidético, el de las ideas, en el mundo real obligaron a Aristóteles a ir perfilando términos como «sustancia», «esencia» y «forma» que le alejarían definitivamente de la Academia. En cambio es absolutamente falsa la leyenda según la cual Aristóteles se marchó de Atenas despechado porque Platón, a su muerte, designase a su sobrino Espeusipo para hacerse cargo de la Academia. En su condición de macedonio Aristóteles no era legalmente elegible para ese puesto.

Alejandro Magno en el horizonte

A la muerte de Platón, ocurrida en el 348, Aristóteles contaba treinta y seis años de edad, habla pasado veinte de ellos simultaneando la enseñanza con el estudio y se encontraba en Atenas, como suele decirse, sin oficio ni beneficio. Así que no debió de pensárselo mucho cuando supo que Hermias de Atarneo, un soldado de fortuna griego (por más detalles, eunuco) que se habla apoderado del sector noroeste de Asia Menor, estaba reuniendo en la ciudad de Axos a cuantos discípulos de la Academia quisieran colaborar con él en la helenización de sus dominios. Aristóteles se instaló en Axos en compañía de Xenócrates de Calcedonia, un colega académico, y de Teofrasto, discípulo y futuro heredero del legado aristotélico.

El Estagirita pasaría allí tres años apacibles y fructíferos, dedicándose a la enseñanza, a la escritura (gran parte de su Política la redactó allí) y a la reproducción, ya que primero se casó con una sobrina de Hermias llamada Pitias, con la que tuvo una hija. Pitias debió de morir muy poco después y Aristóteles se unió a otra estagirita, de nombre Erpilis, que le dio un hijo, Nicómaco, al que dedicaría su Ética. Dado que el propio Aristóteles dejó escrito que el varón debe casarse a los treinta y siete años y la mujer a los dieciocho, resulta fácil deducir qué edades debían tener una y otra cuando se unió a ellas.

Tras el asesinato de Hermias, en el 345, Aristóteles se instaló en Mitilene (isla de Lesbos), dedicándose, en compañía de Teofrasto, al estudio de la biología. Dos años más tarde, en el 343, fue contratado por Filipo de Macedonia para que se hiciese cargo de la educación de su hijo Alejandro, a la sazón de trece años de edad. Tampoco se sabe mucho de la relación entre ambos, ya que las leyendas y las falsificaciones han borrado todo rastro de verdad. Pero de ser cierto el carácter que sus contemporáneos atribuyen a Alejandro (al que tachan unánimemente de arrogante, bebedor, cruel, vengativo e ignorante), no se advierte rasgo alguno de la influencia que Aristóteles pudo ejercer sobre él. Como tampoco se advierte la influencia de Alejandro sobre su maestro en el terreno político, pues Aristóteles seguía predicando la superioridad de las ciudades estado cuando su presunto discípulo estaba poniendo ya las bases de un imperio universal sin el que, al decir de los historiadores, la civilización helénica hubiera sucumbido mucho antes.

La vuelta a casa

Poco después de la muerte de Filipo, Alejandro hizo ejecutar a un sobrino de Aristóteles, Calístenes de Olinto, a quien acusaba de traidor. Conociendo el carácter vengativo de su discípulo, Aristóteles se refugió un año en sus propiedades de Estagira, trasladándose en el 334 a Atenas para fundar, siempre en compañía de Teofrasto, el Liceo, una institución pedagógica que durante años habría de competir con la Academia platónica, dirigida en ese momento por su viejo camarada Xenócrates de Calcedonia.

Los once años que median entre su regreso a Atenas y la muerte de Alejandro, en el 323, fueron aprovechados por Aristóteles para llevar a cabo una profunda revisión de una obra que, al decir de Hegel, constituye el fundamento de todas las ciencias. Para decirlo de la forma más sucinta posible, Aristóteles fue un prodigioso sintetizador del saber, tan atento a las generalizaciones que constituyen la ciencia como a las diferencias que no sólo distinguen a los individuos entre sí, sino que impiden la reducción de los grandes géneros de fenómenos y las ciencias que los estudian. Como él mismo dice, los seres pueden ser móviles e inmóviles, y al mismo tiempo separados (de la materia) o no separados. La ciencia que estudia los seres móviles y no separados es la física; la de los seres inmóviles y no separados es la matemática, y la de los seres inmóviles y separados, la teología.

Platón y Aristóteles en La Escuela de Atenas, de Rafael

La amplitud y la profundidad de su pensamiento son tales que fue preciso esperar dos mil años para que surgiese alguien de talla parecida. Y durante ese período su autoridad llegó a quedar tan establecida e incuestionada como la que ejercía la Iglesia, y tanto en la ciencia como en la filosofía todo intento de avance intelectual ha tenido que empezar con un ataque a cualquiera de los principios filosóficos aristotélicos.

Sin embargo, el camino seguido por el pensamiento de Aristóteles hasta alcanzar su actual preeminencia es tan asombroso que, aun descontando lo que la leyenda haya podido añadir, parece un argumento de novela de aventuras.

La aventura de los manuscritos



Con la muerte de Alejandro, en el 323, se extendió en Atenas una oleada de nacionalismo (antimacedonio) desencadenado por Demóstenes, hecho que le supuso a Aristóteles enfrentarse a una acusación de impiedad. No estando en su ánimo repetir la aventura de Sócrates, Aristóteles se exilió a la isla de Chalcis, donde murió en el 322. Según la tradición, Aristóteles le cedió sus obras a Teofrasto, el cual se las cedió a su vez a Neleo, quien las envió a casa de sus padres en Esquepsis sólidamente embaladas en cajas y con la orden de que las escondiesen en una cueva para evitar que fuesen requisadas con destino a la biblioteca de Pérgamo.

Muchos años después, los herederos de Neleo se las vendieron a Apelicón de Teos, un filósofo que se las llevó consigo a Atenas. En el 86 a.C., en plena ocupación romana, Sila se enteró de la existencia de esas cajas y las requisó para enviarlas a Roma, donde fueron compradas por Tiranión el Gramático. De mano en mano, esas obras fueron sufriendo sucesivos deterioros hasta que, en el año 60 a.C., fueron adquiridas por Andrónico de Rodas, el último responsable del Liceo, quien procedió a su edición definitiva. A él se debe, por ejemplo, la invención del término «metafísica», título bajo el que se agrupan los libros VII, VIII y IX y que significa, sencillamente, que salen a continuación de la física.

Con la caída del Imperio romano, las obras de Aristóteles, como las del resto de la cultura grecorromana, desaparecieron hasta que, bien entrado el siglo XIII, fueron recuperadas por el árabe Averroes, quien las conoció a través de las versiones sirias, árabes y judías. Del total de 170 obras que los catálogos antiguos recogían, sólo se han salvado 30, que vienen a ocupar unas 2.000 páginas impresas. La mayoría de ellas proceden de los llamados escritos «acroamáticos», concebidos para ser utilizados como tratados en el Liceo y no para ser publicados. En cambio, todas las obras publicadas en vida del propio Aristóteles, escritas para el público general en forma de diálogos, se han perdido.

Aristóteles, en griego clásico Ἀριστοτέλης Aristotélēs (Estagira, Macedonia, 384 a. C. – Calcis Eubea,Grecia, 322 a. C.), es uno de los más grandes filósofos de la antigüedad, de la historia de la filosofíaoccidental y el autor enciclopédico más portentoso que haya dado la humanidad.

Fue el creador de la lógica formal, economía, astronomía, precursor de la anatomía y la biología y un creador de la taxonomía (es considerado el padre de la zoología y la botánica). Está considerado Aristóteles (junto a Platón) como el determinante de gran parte del corpus de creencias del Pensamiento Occidental del hombre corriente (aquello que hoy denominamos "sentido común" del hombre occidental).

Creencias fundadas en conceptos y formulaciones tan importantes como crear la primera formalizaciónlógica; la formulación del principio de no contradicción; el concepto de sustancia, entendido comosujeto, y el predicado, como categoría; y la analogía del ser, pueden ser considerados como la base sobre la que se construyó la filosofía tradicional de occidente.

Aristóteles inauguró toda una nueva visión del mundo. Demostró, o creó y, sobre todo, popularizó (según la perspectiva de donde se le vea) una serie de ideas comunes para muchas personas.

Con ello, junto con el platonismo y el cristianismo, la tradición occidental1 perdió ciertas formas de pensamiento diferentes, como fue gran parte del pensamiento de los filósofos presocráticos y de lossofistas (muy populares en la antigua Grecia) y, de hecho, en la historia de la Metafisica, estas teorías aristotélicas se han consolidado y, a veces instalado, en forma de prejuicios filosóficos.

Fuente:

http://www.biografiasyvidas.com/monografia/aristoteles/

Buscar este blog