lunes, 15 de diciembre de 2008

Johnatan Edwards

Johnatan Edwards

Edwards Jonathan
1703-1758

Nació el 5 de octubre de 1703, hijo único de Timothy Edwards, pastor en East Windsor (Connecticut, EE.UU.), pequeña ciudad fronteriza.
Gracias a su aguda inteligencia, poco antes de cumplir los trece años de edad ingresó en Yale College (1716), donde consiguió su licenciatura y doctorado (A.B., 1720, M.A., 1723).


Cuando tenía once años escribió un ensayo sobre las arañas voladoras, cuya exactitud sigue asombrando hoy día.


En Yale descubrió la obra del filósofo inglés John Locke, 
Ensayo sobre el entendimiento humano, que motivó su propio pensamiento filosófico, digno de un pensador original y profundo.


En mayo de 1724 fue nombrado tutor del colegio.
Durante seis meses, comenzando en agosto de 1722, predicó en la congregación Presbiteriana Escocesa de Nueva York. El 15 de febrero de 1727 fue ordenado pastor asociado de la iglesia en Northampton (Massachusettes), donde su abuelo era pastor. Al año siguiente contrajo matrimonio con 
Sarah Pierrepont de New Haven; un feliz matrimonio que iba a durar treinta años y dar a luz doce hijos.

Entre los años 1735 y 1737 su predicación dio como resultado un gran avivamiento espiritual en medio su congregación, que pronto se extendió a otros lugares. Fue un movimiento tanto social como religioso, de hecho una auténtica revolución que alcanzó a todas las colonias americanas. En esos años entabló una amistad profunda con 
George Whitefield , entonces predicador itinerante en América.

Después de aquella intensa actividad religiosa surgió una amarga y prolongada controversia acerca de las ideas de Edwards, que pedía unas bases más estrictas para la membresía de la iglesia, que las establecidas por su abuelo. El 30 de junio de 1750, después de veintitrés años de servicio, fue depuesto de su pastorado por un concilio de la iglesia reunido en Northampton. Entonces durante seis años trabajó como misionero entre los indios housatonic en Stockbridge (Massachusetts). Fue en este período que escribió sus obras más conocidas.

El 29 de septiembre de 1757 fue invitado a la presidencia de colegio o universidad de New Jersey (hoy Universidad de Princeton). Por aquel entonces la ciudad se encontraba en los inicios de un brote epidémico, que iba a afectar a Edwards a su llegada. A consecuencia de una segunda infección murió el 22 de marzo de 1758.

Aparte de sus numerosos escritos, y notas que aún siguen editándose, Edwards publicó la Vida y diario de 
(La Aurora, 1958), que produjo una impresión tan profunda en John Wesley.


Nunca se preocupó de la ortodoxia o la heterodoxia, aunque participó en muchas controversias contra el naciente arminianismo, sino que escribió sobre la religión en profundidad y extensión.


http://biografas.blogspot.com/2006/09/johnatan-edwards.html

John Owen

John Owen



Nació en el año 1616 en Stadham (Oxfordshire, Inglaterra), de antepasados galeses. Su padre, Henry Owen, era ministro de la Iglesia Anglicana y pertenecía al ala de los “puritanos”, o reformadores evangélicos.

El joven Owen fue un alumno tan prodigioso que a los doce años pudo entrar en la Universidad de Oxford, en el Queen’s College, cosa inaudita aun en aquel entonces. A sus dones naturales añadió un esfuerzo casi sobrehumano, disciplinándose severamente en cuanto al descanso: sólo dormía cuatro horas durante la noche. Esta fue una de las causas de sus continuos problemas de salud y de su relativamente temprana muerte.

Fue ordenado al ministerio de la Iglesia de Inglaterra, aunque fue algún tiempo después, al escuchar un sermón de un predicador cuyo nombre nunca pudo saber, que llegó a experimentar su conversión personal y la paz con Dios. En Fordham (Essex), pastoreó una pequeña congregación anglicana.

En el conflicto civil que enfrentó a los ingleses en aquel tiempo, Owen apoyó decididamente la causa del ejército del Parlamento en contra de los defensores de los reyes jacobitas.

Fue llamado a predicar ante el Parlamento inglés en varias ocasiones, incluso el día después de la ejecución del rey Carlos I. Además, acompañó a Oliver Cromwell en muchas de sus campañas militares, en las cuales sirvió como capellán al ejército parlamentario.

En 1652 fue nombrado vice-rector de la Universidad de Oxford, siendo rector el mismo Cromwell. Sin embargo, fue quitado de este prestigioso cargo cuando más tarde se opuso a que Cromwell fuese nombrado rey.

Pero su verdadera fama se debe no a sus importantísimos papeles en la vida política y académica, sino a sus incomparables aportaciones a la teología. No pocos lo tienen por el más gran de todos los teólogos ingleses. El número de sus obras escritas, la profundidad de su contenido, y la amplitud de los temas sobre los cuales ejercitó su enorme intelecto, le hacen uno de los más grandes exponentes del protestantismo clásico.
Quizá la obra que más destaque, por su erudición y por el tratamiento casi exhaustivo de su exégesis, es el monumental 
Comentario a la epístola a los Hebreos, en ocho gruesos volúmenes en una edición moderna.

Era calvinista y aún no ha sido superada su exposición contundente de la teología calvinista. Tocante a su doctrina del gobierno de la Iglesia mantuvo una posición independiente, pese a sus antepasados y su propia educación teológica y comienzos espirituales. Estaba firmemente convencido del sistema congregacional, de que cada iglesia local tenía que ser independiente y gobernarse a sí misma.

Murió un 24 de agosto de 1683, fecha de doble vergüenza para los adversarios de cristianismo histórico, y de doble honor para sus defensores; fue el día de la matanza de San Bartolomé en Francia, cuando en 1572 de ese mismo día fueron asesinados miles de hugonotes o evangélicos franceses; y el día cuando, en 1662, dos mil ministros del Evangelio británicos fueron expulsados de sus iglesias, por negarse a someterse a la Ley de Uniformidad respecto a la religión

Esta reseña fue escrita por Andrés Birch
Fuente: 
Editorial Clie
Para conocer más sobre la Obra y adquirir los trabajos de John Owen, puede contactar
aquí

domingo, 14 de diciembre de 2008

Thomas Watson


Thomas Watson




Datos Biográphicos:

Predicador Puritano inglés, del que se ignora su genealogía y la fecha de su nacimiento. Estudió con ahínco en el Emmanuel College de la Universidad de Cambridge, llamada la “Escuela de los Santos”, porque allí recibió su educación universitaria un número elevado de los llamados Puritanos, o teólogos evangélicos reformados del siglo XVII.
Durante 16 años fue pastor de la Iglesia de San Esteban en Walbrook, Londres, donde su ministerio atraía muchos congregantes, debido a la calidad espiritual y práctica de sus predicaciones.

A diferencia de la mayoría de los puritanos, Watson protestó contra la ejecución del rey Carlos I de Inglaterra. Es más, ayudó a volver a traer a Carlos II, para que fuera restaurada la monarquía. Sin embargo, tan sólo dos años después, en 1661, Watson fue obligado a dejar la iglesia de la que era pastor, como lo fueron otros dos mil ministros del Evangelio, entre los que se encontraba Thomas Goodwin (v.), por no poder, en buena conciencia, firmar el Acta de Uniformidad.

Desde entonces predicó donde buenamente pudo, hasta que, diez años después, en 1672, gracias al Acta de Indulgencia, fue invitado por un “no conformista” de alto rango en la sociedad inglesa, Sir Jonn Langham, a ser el predicador y pastor de éste y su casa en Crosby House de Londres. Aquí predicó durante años y tuvo la ayuda del otro gran puritano Stephen Charnock (1628-80). Ambos ofrecieron un completo sistema teológico basados en los atributos soberanos de Dios.

Sabemos que murió repentinamente en el condado de Essex, probablemente en 1689 o 1690.

Su principal obra escrita es su Body of Divinity (Compendio de teología), que consiste en 176 sermones, en los que hace una excelente exposición del Catecismo de Westminster; a la que C. Spurgeon (v.), consideraba una de las perlas más preciosas de los Puritanos: “Hay en él una feliz unión de doctrina sana, experiencia de profunda piedad y sabiduría práctica.”

ANDRES BIRCH,  EDIT. CLIE

Matthew Henry

Matthew Henry

Comentarista y expositor bíblico presbiteriano. Hijo de un ministro evangelico de una iglesia de Inglaterra, nacido en Broad Oak, en el condado galés de Flintshire poco después de que echaran a su padre del Ministerio como consecuencia del decreto de Uniformidad promulgado por el rey Jorge II. Matthew Henry fue llevado por su padre a un pequeño condado galés en Iscoid, Flintshire, en octubre de 1662.

Su padre, Philip Henry, ministro nombrado de la Iglesia de Inglaterra fue considerado un disidente. Su madre provenía de una familia con historia propia en el Parlamento.
Tenía una herencia modesta, por lo tanto Philip Henry debió vivir del trabajo de la granja y prescindir del sostén como ministro.

Matthew, según su padre, nació tan fragil que fue sido bautizado a un día de vida solamente por el miedo a que no sobreviviera una semana.
Matthew era un muchacho físicamente débil, pero mentalmente y espiritualmente extremadamente fuerte. Así lo demostró destacándose como estudiante experto y diligente. ¡Alguien dijo que podía repetir en voz alta lo que había leído de la Biblia cuando tenía solamente tres años!

Su conversión sucede en 1672.
Philip Henry, se ocupó de la preparación ministerial de Matthew. Hasta la edad de 18 años, su educación era supervisada por su padre.
Como le ocurrió a otros, su condición de disidente le impidió enrolarse en Oxford o Cambridge, las universidades más prestigiosas del momento. Así es que, en 1680, se inscribió en la universidad de “disidentes” de Islington.
Esta Universidad al poco tiempo ganó enorme prestigio y fue considerada la mayor academia presbiteriana.
Los catalogados como “disidentes” tenían absolutamente vedada la expresión pública. Pero esto no estaba de acuerdo al ánimo de Matthew.

Decide por lo tanto a volver a Londres. Allí conoció extensamente la prédica del Dr. Stillingfleet y del Dr. Tillotson. Se integró a un pequeño grupo de oración y estudios bíblicos, lo que Wesley consolidaría más adelante como el Club Santo de Oxford.

Volvió a su pueblo para ajustar su visión ministerial. Después de examinarse exhaustivamente a sí mismo, se decidió por contestar a su “llamado”.
Algunos ministros de Londres lo consagraron en privado el 9 de mayo de 1687. No fue hasta 1702 que pudo obtener una licencia oficial.
Sufrió la tragedia familiar con la muerte de su primera esposa y de tres de sus nueve hijos.
Matthew acostumbraba a orar a la mañana y a la tarde. Por la mañana estudiaba el Antiguo Testamento y por la tarde el Nuevo.

Sus sermones eran dirigidos a las personas, nunca con ánimo plítico, aunque nunca dejaba de mencionar a los perseguidos y discriminados por causa de la Fe.

En 1704, luego de recuperarse de una grave enfermedad, comienza su Notas al nuevo testamento, la base de sus célebres comentarios.

Seis años más tarde, en 1710, comenzó a trabajar sobre su mayor obra: Los comentarios de la Biblia completa, un monumental trabajo de cinco volúmenes.

El arduo trabajo alimentaba su espíritu pero consumía su cuerpo.
En 1714, mientras visitaba a un amigo en Chester, murió.Tenía solamente 52 años.

A primera vista, al contemplar su voluminosa obra, nadie se puede imaginar que su autor hubiera muerto con tan sólo cincuenta y dos años. Si bien buscó escribir una obra que estuviese al alcance de todos, y si bien el comentario está repleto de bosquejos para sermones, es notorio que Matthew Henry era maestro de los idiomas originales de las Escrituras, mucho más que la mayoría de sus críticos modernos, y que, en cuanto a su teología, no pocos cristianos evangélicos la calificarían como insuperable. Su teología es un fiel testimonio de la verdad evangélica, enfatizando la depravación total del hombre y la gracia soberana y salvadora de Dios. Su obra además, no sólo demuestra una profunda capacidad de profundidad espiritual, sino la erudición que proporciona un gran conocimiento del griego y del hebreo.

Charles Spurgeon, entre tantos, reconoció la decisiva influencia que ejerció sobre su vida y Ministerio.

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John F. MacArthur

John F. MacArthur




John F. MacArthur, Jr (nacido el 19 de junio de 1939 en Los Angeles, California) es un Estados Unidos Evangélica Reformada escritor y ministro, señaló por su programa de radio titulado gracia para Usted y como el editor del Medallón de Oro Libro ganadora del Premio MacArthur Estudio de la Biblia. MacArthur es uno de quinta generación pastor, un popular autor y orador de conferencias, y ha servido como pastor-maestro de Grace Community Church en Sun Valley, California desde 1969, y como Presidente de la Master's College (y la relacionados con el Master's Seminary) en Santa Clarita, California.

Fue atleta y asistió a la Universidad Bob Jones, antes de trasladar a Los Angeles Pacífico College (ahora Universidad Azusa del Pacífico). Más tarde obtuvo su máster en Teología de la Universidad de Biola 's Seminario Teológico Talbot, en La Mirada, California. Se graduó con honores. De 1964 a 1966 se desempeñó como pastor asociado en la Biblia la Iglesia el Calvario, Burbank, California, y de 1966 a 1969 como un representante de la facultad del Seminario Teológico Talbot. Luego, en 1969, se convirtió en el tercer pastor en la entonces corta historia de la nondenominational de Grace Community Church.

En 1985, MacArthur se convirtió en presidente de The Master's College (antes Los Angeles College Bautista), un acreditado, de cuatro años, de artes liberales colegio cristiano, y en 1986, fundó The Master's Seminary. Su programa de radio diario, Grace a Usted se difunde en gran parte del mundo. Él es el autor de más de 75 libros, en particular, su MacArthur Comentario Series y la MacArthur Study Bible (ISBN 0-8499-1222-9). Trabaja junto a Phil Johnson, que edita su predicación de mensajes en forma de libro.

MacArthur recibió un grado honorífico de la Escuela Superior de gracia y un doctorado en el Seminario Teológico Talbot.

viernes, 12 de diciembre de 2008

ATANASIO DE ALEJANDRIA

ATANASIO DE ALEJANDRIA

(295-373)

San Atanasio de Alejandría

Icono
Obispo, Padre Griego y Doctor de la Iglesia
Apodoel Magno
Nacimiento296 aprox.
Alejandría, Egipto
Muerte2 de mayo del año 373
Alejandría, Egipto
Venerado enIglesia Católica Romana, Iglesia Ortodoxa, Comunión Anglicana,Iglesia Luterana
Festividad2 de mayo
AtributosVestiduras de Obispo griego, libro

San Atanasio, catedral de El Cairo

Es la gran figura de la Iglesia en el siglo IV, junto con San Basilio el Grande, San Gregorio Nacianceno y San Gregorio de Nisa, en Oriente, San Hilario y San Ambrosio en Occidente. Por su incansable defensa del símbolo de la fe promulgado en el Concilio de Nicea, se le denomina Padre de la ortodoxia y columna de la fe.

Nació en Alejandría de Egipto, en el año 295, aquí recibió su formación filosófica y teológica.

Apenas se sabe nada de los primeros treinta años de su vida. Nació en un ambiente cosmopolita, adoradores de dioses grecoegipcios, proliferan los maniqueos y los gnósticos.

Fue ordenado diácono a los 24 años. Tiene un hermano, Pedro, que le sucederá como obispo. Ambos conocieron en su infancia las persecuciones de Diocleciano, que concluyeron en el 305 con la muerte del tirano.

Era un hombre pequeño de estatura, de constitución más bien débil, pero de porte firme. “Un luchador, pastor consumado, espíritu despierto, con un ojo abierto a la tradición cristiana, a los acontecimientos y a los hombres, carácter indomable, a la vez que simpático.” (Historie ancienne de l´Eglise II, 168)

Durante 10 años Atanasio se incorpora al clero alejandrino, y llega a hablar: copto (lengua dialectal), Koiné (griego popular), y griego clásico, empleado en las conferencias y en las disputas entre eruditos.

Hacia el 320, el joven escritor había redactado su primera obra: “Contra los paganos y la encarnación del Verbo”. Los temas principales son: Refutación del helenismo, Transcendencia del único Dios verdadero, carácter redentor del de la Encarnación. En el punto central se encuentra la muerte y resurrección de Jesús.

Brillante escritor que expone teológicamente y defiende contra las diversas herejías - apoyado en el estudio de la Escritura y en la Tradición- la fe verdadera en la Santísima Trinidad.

La controversia arriana alcanza su culmen en el 323, Atanasio; que es ya secretario episcopal, lleva tres años de diácono, apoya y defiende al obispo contra los errores de Arrio, presbítero de la archidiócesis. (1)

Arrio propone: “El Verbo divino no es eterno. Fue creado en el tiempo por el Padre, que es Dios Por tanto, sólo se le llama Hijo de Dios de modo metafórico”.

Condenado por sus graves errores, Arrio se refugia en Cesarea. Muy pronto, a comienzos del 325, el emperador que se atribuye el título de “obispo desde fuera” convoca el 1er Concilio Universal (el 1º de los ecuménicos) “con objeto de restaurar la unidad amenazada”.

El emperador preside los sermones e interviene constantemente en los asuntos eclesiales para los que le falta formación y capacidad de discernimiento. Se celebra en Nicea (Isnik, en la Turquía actual), donde deliberan 250 obispos. En programa: controversia arriana; cisma de Melitios de Licópolis, promotor de una jerarquía paralela.

Los laicos no tienen derecho a tomar la palabra, solo los obispos pueden expresarse: No obstante, dos diáconos, tomaron parte de las discusiones: Alejandro de Constantinopla y Atanasio de Alejandría. Este último despliega tal elocuencia y tal fuerza de persuasión que sus adversarios le temieron más que a ninguno.

Desplaza a un lado a Arrio y pone al hereje ante dos interrogantes fundamentales: “Si el Verbo fue creado, ¿Cómo es que Dios que lo ha creado no podía crear el mundo? Si el mundo no ha sido creado por el Verbo, ¿Por qué no podía haber sido creado por Dios?

Finalmente en la línea correcta de la defensa de Atanasio, el Concilio proclama que el “Verbo es consustancial al Padre”. El 19 de Junio del 325 la asamblea redacta la formula. (”Símbolo de Nicea”):

“Creo en un solo Dios,

Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos; Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero”…

El joven diácono, ordenado sacerdote, defenderá durante 3 años esta ” fe de Nicea”. Cuando cumpla los treinta y cinco será nombrado obispo (en el año 328) en la sede de Alejandría, entre proclamaciones de alegría de las gentes.

Pero desdichadamente las tempestades se levantan enseguida, alternando con algunas pausas de paz armada. Sufrirá cinco veces el exilio de forma que de cuarenta y cinco años de episcopado, dieciocho los pasará fuera de su sede. Esta forzada soledad se hace más desolada aún por el abandono completo de sus compañeros de lucha. Atanasio no se rinde: obligado a huir, se esconde en el desierto, confundiéndose con los monjes de la Tebaida. Parece ser que pasa cuatro meses en la periferia de Alejandría, escondido en la tumba de su padre. No hay violencia o vejación alguna que logre doblegarlo; está dispuesto a todo con tal de defender la divinidad del Verbo.

Atanasio es una figura que impone: parece personificar a la Iglesia misma. Evidentemente no bastan las dotes humanas para doblegar a una figura histórica de esta talla. Sabemos que desde su juventud, Atanasio es un enamorado de Cristo. Le apasiona, sobre todo la humanidad de Cristo, y basta hojear algunas páginas del tratado “La Encarnación del Verbo” para comprender hasta qué punto ha sido ella objeto de su meditación.

“El Verbo, pues, se ha hecho hombre para que nosotros, los hombres, al volver a adquirir la imagen del Verbo pudiésemos ser divinizados y salvados”.

Aún hoy, la Iglesia, después de dieciséis siglos, reflexionando sobre el designio de amor y de misericordia que Dios ha inventado para los hombres, repite conmovida las mismas palabras de Atanasio. “Propter nos homines et propter nostram salutem descendit de coelis”: por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo.” Y de cualquiera manera que consideres las cosas –continúa Atanasio- el Verbo, con su encarnación ha manifestado su filantropía, su amor hacia los hombres, ha encarcelado la muerte, y nos ha hecho nuevos”. “Nos ha verbificado”, dirá en otro sitio, porque cuando el Verbo asumió nuestra naturaleza, nosotros no hicimos concorpóreos con Él, y somos verdaderamente cuerpo de Cristo. En Jesús se encuentra toda la humanidad que ha sido penetrada por la divinidad del Verbo; y, en definitiva, el “hacerse hombre”, por parte del Verbo, y el “ser divinizados” por nuestra parte, no son más que dos aspectos complementarios de la misma realidad. La idolatría causada por el pecado ha sido vencida: en Jesús, Verbo hecho hombre como nosotros, los hombres se encuentran la plenitud de lo que buscan; no existe aspiración humana a la belleza, a la grandeza, a la potencia, a la sensibilidad, al amor, a la verdad, que Jesús no pueda colmar”.

Sin embargo, Atanasio no se ha quedado en un punto de vista puramente especulativo; si tuvo profundas intuiciones sobre ese misterio, es porque siguió el camino evangélico, que es la única metodología válida: “A quien me ama me manifestaré” “¿Quieres comprender las palabras de los santos? –dice Atanasio- Purifica tu pensamiento e imita su vida, de lo contrario no puedes comprender lo que Dios les ha revelado. ¿Quieres comprender a Cristo? Haz pura tu alma e imita las virtudes de Cristo, porque solo así puedes comprender algo del Verbo de Dios”. (De incarnatione Verbi, 57)

Durante los siete últimos años de su vida da los últimos retoques a sus obras que contienen su testamento espiritual: Cartas, Vida de San Antonio, describe las “desventuras del famoso eremita, atormentado por los demonios a los que rechazaba victoriosamente. Verdadera historia de la vida religiosa primitiva.

Testigo de la fe más que pionero de la teología, luchador ejemplar, activista de la resistencia, que hizo frente a las pretensiones de un cesaropapismo naciente así como a los ataques de los conspiradores arrianos. Admirable defensor de la fe de Nicea.

Falleció en el 373, ocho años antes de que el – Concilio I de Constantinopla, 2º ecuménico, reafirmará solemnemente la fe de Nicea y diera término a la herejía arriana. (2)

Arrio: Nació probablemente en la Cirenaica hacia el año 256. Sacerdote cristiano, regente de una de las más importantes iglesias de Alejandría. Negaba la consustancialidad del Verbo divino con el Padre. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo poseen plenamente, cada uno, una personalidad real; son tres personas distintas en una única sustancia. Y esto era inconcebible para Arrio. En consecuencia, prefirió distanciar al padre del hijo. A sus ojos, el Verbo no fue más que una criatura, ciertamente la primera y más perfecta de todas, pero distante de Dios.

El arrianismo como secta se extinguió en el siglo VII, las ideas de Arrio y sus discípulos nunca fueron extirpadas del todo: brotarán a lo largo de los siglos adoptadas por otros movimientos heréticos.

ALGUNOS TEXTOS DE SAN ATANASIO

La unidad de la Santa Trinidad

(Carta I a Serapión, 28-30)

Es cosa muy útil investigar la antigua tradición, la doctrina y la fe de la Iglesia Católica, aquella que el Señor nos ha enseñado, la que los Apóstoles han predicado y los Padres han conservado. En ella, en efecto, tiene su fundamento la Iglesia; y si alguno se aleja de esa doctrina, de ninguna manera podrá ser ni llamarse cristiano.

Nuestra fe es ésta: la Trinidad santa y perfecta, que se distingue en el Padre y en el Hijo y en el Espíritu Santo, no tiene nada extraño a sí misma ni añadido de fuera, ni está constituida por el Creador y las criaturas, sino que es toda Ella potencia creadora y fuerza operativa. Una sola es su naturaleza, idéntica a sí misma; uno solo el principio activo, una sola la operación. En efecto, el Padre realiza todas las cosas por el Verbo en el Espíritu Santo; de este modo se conserva intacta la unidad de la santa Trinidad. Por eso en la Iglesia se predica un solo Dios que está por encima de todas las cosas, que actúa por medio de todo y está en todas las cosas (cfr. Ef 4,6). Está por encima de todas las cosas ciertamente como Padre, principio y origen. Actúa a través de todo, sin duda por medio del Verbo. Obra, en fin, en todas las cosas en el Espíritu Santo. El Apóstol Pablo, cuando escribe a los corintios sobre las realidades espirituales, reconduce todas las cosas a un solo Dios Padre como al Principio, diciendo: hay diversidad de carismas, pero un solo Espíritu; hay diversidad de ministerios; pero un solo Señor; hay diversidad de operaciones, pero uno solo es Dios que obra en todos (1 Cor 12,4-6). En efecto, aquellas cosas que el Espíritu distribuye a cada uno proviene del Padre por medio del Verbo, pues verdaderamente todo lo que es del Padre es también del Hijo. De ahí que todas las cosas que el Hijo concede en el Espíritu son verdaderos dones del Padre. Igualmente, cuando el Espíritu está en nosotros, también en nosotros está el Verbo de quien lo recibimos, y en el Verbo está también el Padre; de este modo se realiza lo que está dicho: vendremos (Yo y el Padre) y pondremos en él nuestra morada (Jn 14,23). Porque donde está la luz, allí se encuentra el esplendor; y donde está el esplendor, allí está también su eficacia y su espléndida gracia.

Lo mismo enseña San Pablo en la segunda epístola a los Corintios, con estas palabras: la gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunicación del Espíritu Santo estén con todos vosotros (2 Cor 13,13). La gracia, en efecto, que es don de la Trinidad, es concedida por el Padre, por medio del Hijo, así no podemos participar nosotros del don sino en el Espíritu Santo. Y entonces, hechos partícipes de Él, tenemos en nosotros el amor del Padre, la gracia del Hijo y la comunión del mismo Espíritu.

La condescendencia divina

(La Encarnación del Verbo)

La creación del mundo y la formación del universo ha sido entendida por muchos de manera diferente y cada cual la ha definido según su propio parecer. En efecto, unos dicen que el universo llegó al ser espontáneamente y por azar, como los Epicúreos, quienes cuentan en sus teorías que no existe providencia en el mundo y hablan en contra de los fenómenos evidentes de la experiencia. Pues si, como ellos dicen, todo se originó espontáneamente y sin providencia, sería necesario que todo hubiera nacido simple, semejante y no diferente. Como en un solo cuerpo sería necesario que todo fuera sol y luna, y en los hombres sería necesario que todo fuera mano, ojo, o pie. Pero ahora no es así: vemos por un lado el sol, por otro la luna, por otro la tierra; y por lo que se refiere al cuerpo humano, una cosa es el pie, otra la mano, otra la cabeza. Tal orden nos indica que ellos no surgieron espontáneamente, sino que nos señala que una causa precedió a su creación, a partir de la cual es posible pensar que fue Dios quien ordenó y creó el universo.

Otros, entre los que se encuentra el que es tan grande entre los griegos, Platón, pretenden que Dios creó el mundo a partir de una materia preexistente e increada; Dios no habría podido crear nada si esta materia no hubiera preexistido, de la misma manera que la madera debe existir antes que el carpintero, para que éste pueda trabajar. Los que hablan así no saben que atribuyen a Dios la impotencia. Pues si Él mismo no es causante de la materia, sino que simplemente hace las cosas a partir de una materia preexistente, se revela impotente, puesto que sin esta materia no pude producir ninguno de los seres creados; del mismo modo, sin duda, que es una impotencia para el carpintero no poder fabricar sin madera ninguno de los objetos necesarios. Y, ¿cómo se podría decir que es el Creador y el Hacedor, si toma de otra cosa, quiero decir de la materia, la posibilidad de crear?. Si fuera así, Dios sería, según ellos, solamente un artesano y no el creador que da el ser, si trabaja la materia preexistente, sin ser Él mismo causante de esta materia. En una palabra, no se puede decir que es Creador, si no crea la materia de la cual vienen las criaturas. Los herejes imaginan un creador del universo distinto del Padre de nuestro Señor Jesucristo y, al decir esto, dan prueba de una extrema ceguera. Pues cuando el Señor dice a los judíos: ¿No habéis leído que el Creador desde el principio los hizo varón y hembra?, añade: por esto el hombre abandonará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne; lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre, (Mt 19,4-6), ¿cómo suponer una creación extraña al Padre? si, según Juan, que encierra todo en una sola palabra: todo ha sido hecho por Él y sin Él nada ha sido hecho (Jn 1,3 ), ¿cómo podría existir un creador distinto del Padre de Cristo?.

He aquí sus fábulas; pero la enseñanza inspirada por Dios y la fe en Cristo rechazan como impiedad sus vanos discursos. Los seres no han nacido espontáneamente, a causa de la falta de providencia, ni a partir de una materia preexistente, a causa de la impotencia de Dios, sino que Dios, mediante su Verbo, a partir de la nada ha creado y traído al ser todo el universo, que antes no existía en absoluto. En un principio creó Dios el cielo y la tierra (Gn 1,1) (…). Es lo que Pablo indica cuando dice: Por la fe conocemos que los mundos han sido formados por la palabra de Dios, de suerte que lo que vemos no ha sido hecho a partir de cosas visibles (Heb 11,3). Pues Dios es bueno, o mejor aún, es la fuente de toda bondad, y lo que es bueno no sabría tener envidia por nada; por tanto, no envidiando la existencia de ninguna cosa, creó todos los seres de la nada mediante Nuestro Señor Jesucristo, su propio Verbo. Entre estos seres, de todos los que existían sobre la tierra, tuvo especial piedad del género humano, y viéndolo incapaz, según la ley de su propia naturaleza, de subsistir siempre, le concedió una gracia añadida: no se contentó con crear a los hombres, como había hecho con todos los animales irracionales que hay sobre la tierra, sino que los creó a su imagen, haciéndolos participes del poder de su propio Verbo. Así, como si tuvieran una sombra del Verbo, y convertidos ellos mismos en racionales, los hombres podrían permanecer en la felicidad, viviendo en el paraíso la verdadera vida, que es realmente la de los santos. Sabiendo además que la voluntad libre del hombre podría inclinarse en uno u otro sentido, les tomó la delantera y fortaleció la gracia que les había dado, con la imposición de una ley y un lugar determinado. Los introdujo, en efecto, en el paraíso y les dio una ley, de modo que si ellos guardaban la gracia y permanecían en la virtud, tendrían en el paraíso una vida sin tristeza, dolor ni preocupación, además de la promesa de inmortalidad en los cielos. Pero si transgredían esta ley y, dándole la espalda, se convertían a la maldad, que supieran que les esperaba la corrupción de la muerte, según su naturaleza, y que no vivirían ya en el paraíso, sino que en el futuro morirían fuera de él y permanecerían en la muerte y en la corrupción. Es lo que la divina Escritura pronostica, hablando por boca de Dios: comerás de todo árbol que hay en el paraíso, pero no comáis del árbol del conocimiento del bien y del mal; el día que comáis de él, moriréis de muerte (Gn 2,16-17). Éste “moriréis de muerte” no quiere decir solamente moriréis, sino permaneceréis en la corrupción de la muerte (…). Por esta razón el incorpóreo e incorruptible e inmaterial Verbo de Dios aparece en nuestra tierra. No es que antes hubiera estado alejado, pues ninguna parte de la creación estaba vacía de Él, sino que Él llena todos los seres operando en todos en unión con su Padre. Pero en su benevolencia hacia nosotros condescendió en venir y hacerse manifiesto. Pues vio al género racional destruido y que la muerte reinaba entre ellos con su corrupción; y vio también que la amenaza de la transgresión hacía prevalecer la corrupción sobre nosotros y que era absurdo abrogar la ley antes de cumplirla; y vio también qué impropio era lo que había ocurrido, porque lo que Él mismo había creado, era lo que pereció; y vio también la excesiva maldad de los hombres, porque ellos poco a poco la habían acrecentado contra sí hasta hacerla intolerable. Vio también la dependencia de todos los hombres ante la muerte, se compadeció de nuestra raza y lamentó nuestra debilidad y, sometiéndose a nuestra corrupción, no toleró el dominio de la muerte, sino que, para que lo creado no se destruyera, ni la obra del Padre entre los hombres resultara en vano, tomó para sí un cuerpo y éste no diferente del nuestro. Pues no quiso simplemente estar en un cuerpo, ni quiso solamente aparecer, pues si hubiese querido solamente aparecer, habría podido realizar su divina manifestación por medio de algún otro ser más poderoso. Pero tomó nuestro cuerpo, y no simplemente esto, sino de una virgen pura e inmaculada, que no conocía varón, un cuerpo puro y verdaderamente no contaminado por la relación con los hombres.

En efecto, aunque era poderoso y el Creador del universo, prepara en la Virgen para Sí el cuerpo como un templo y lo hace apropiado como un instrumento en el que sea conocido y habite. Y así, tomando un cuerpo semejante a los nuestros, puesto que todos estamos sujetos a la corrupción de la muerte, lo entregó por todos a la muerte, lo ofreció al Padre, y lo hizo de una manera benevolente, para que muriendo todos con Él se aboliera la ley humana que hace referencia a la corrupción(porque se centraría su poder en el cuerpo del Señor y ya no tendría lugar en el cuerpo semejante de los hombres), para que, como los hombres habían vuelto de nuevo a la corrupción, Él los retomara a la incorruptibilidad y pudiera darles vida en vez de muerte, por la apropiación de su cuerpo, haciendo desaparecer la muerte de ellos, como una caña en el fuego, por la gracia de la resurrección.

Unidad y distinción entre el Padre y el hijo.

“Yo en el Padre, y el Padre en mí” (Jn 14,10). El Hijo está en el Padre, en cuanto podemos comprenderlo, porque todo el ser del Hijo es cosa propia de la naturaleza del Padre, como el resplandor lo es de la luz, y el arroyo de la fuente. Así el que ve, al Hijo ve lo que es propio del Padre, y entiende que el ser del Hijo, proviniendo del Padre, está en el Padre. Asimismo el Padre está en el Hijo, porque el Hijo es lo que es propio del Padre, a la manera como el sol está en su resplandor, la mente está en la palabra, y la fuente en el arroyo. De esta suerte, el que contempla al Hijo contempla lo que es propio de la naturaleza del Padre, y piensa que el Padre está en el Hijo. Porque la forma y la divinidad del Padre es el ser del Hijo, y, por tanto, el Hijo está en el Padre, y el Padre en el Hijo. Por esto con razón habiendo dicho primero “Yo y el Padre somos uno” (Jn 14,10), añadió: “Yo en el Padre y el Padre en mí” (Jn 13,10): así manifestó la identidad de la divinidad y la unidad de su naturaleza.

Sin embargo, son uno pero no a la manera con que una cosa se divide luego en dos, que no son en realidad más que una; ni tampoco como una cosa que tiene dos nombres, como si la misma realidad en un momento fuera Padre y en otro momento Hijo. Esto es lo que pensaba Sabelio, y fue condenado como hereje. Se trata de dos realidades, de suerte que el Padre es Padre, y no es Hijo; y el Hijo es Hijo, y no es Padre. Pero su naturaleza es una; pues el engendrado no es semejante con respecto al que engendra, ya que es su imagen, y todo lo que es del Padre es del Hijo. Por esto el Hijo no es otro dios, pues no es pensado fuera (del Padre): de lo contrario, si la divinidad se concibiera fuera del Padre, habría sin duda muchos dioses. El Hijo es “otro” en cuanto es engendrado, pero es “el mismo” en cuanto es Dios. El Hijo y el Padre son una sola cosa en cuanto que tienen una misma naturaleza propia y peculiar, por la identidad de la divinidad única. También el resplandor es luz, y no es algo posterior al sol, ni una luz distinta, ni una participación de él, sino simplemente algo engendrado de él: ahora bien, una realidad así engendrada es necesariamente una única luz con el sol, y nadie dirá que se trata de dos luces, aunque el sol y su resplandor sean dos realidades: una es la luz del sol, que brilla por todas partes en su propio resplandor. Así también, la divinidad del Hijo es la del Padre, y por esto es indivisible de ella. Por esto Dios es uno, y no hay otro fuera de él. Y siendo los dos uno, y única su divinidad, se dice del Hijo lo mismo que se dice del Padre, excepto el ser Padre.

http://www.mercaba.org/TESORO/atanasio01.htm

domingo, 7 de diciembre de 2008

Juan Hus

Juan Hus

Reformador religioso checo de los siglos XIV y XV.
Juan Hus fue sucesor del inglés John Wycliff y precursor del alemán Martín Lutero en el campo de las reformas religiosas. Sus actividades dejaron una huella imborrable en la historia civil y religiosa del Reino Checo. A pesar de no ser pionero en el campo de las reformas religiosas, sus críticas dirigidas a la corrupción de la Iglesia encontraron mejores condiciones y una audiencia más amplia que sus predecesores.

El escritor y reformador religioso inglés, John Wycliff, fue el modelo de Juan Hus. Este letrado británico estudió y se licenció en teología en la Universidad de Oxford. En sus discursos cargaba contra la riqueza del clero y la falta de piedad de los sacerdotes, considerando única cabeza de la Iglesia a Jesucristo y proponiendo privar al clero del poder profano.
"John Wycliff planteó el programa de la Iglesia pobre. Propuso también privar al clero de los bienes que debían ser utilizados para fines caritativos. Los encargados de hacerlo fueron el monarca y la alta aristocracia" afirmó el historiador checo Frantisek Smahel.
Las ideas de Wycliff tuvieron gran repercusión en la obra de Juan Hus, ya que el reformador checo consideraba la situación de Inglaterra muy parecida a la del Reino Checo. John Wycliff fue declarado posteriormente hereje por el Papa, y murió de un infarto en medio de uno de sus pregones.

El primer predecesor de Juan Hus en el Reino Checo fue Conrado Waldhauser. Oriundo de Baja Austria, entró en la orden agustina y se licenció en universidades italianas. A mediados del siglo XIV comenzó a predicar públicamente. En Austria conoció al rey checo y emperador romano-germánico Carlos IV, y aceptó su invitación de visitar el Reino Checo. Con el tiempo Waldhauser pasó a ser el confesor del rey y capellán de la corte. En sus predicaciones, pronunciadas en latín y alemán, cargaba principalmente contra la simonía y la vida disoluta del clero. Una vez en Praga sometió a dura crítica la avaricia y soberbia de los praguenses.
El discípulo de Waldhauser fue Jan Milíc de Kromeríz que, influido por sus pregones, dimitió de todos los cargos civiles y eclesiásticos que desempeñaba y se volvió pregonero popular, principalmente en Praga. Sus fogosas predicaciones en checo pronto llamaron atención de un amplio público. Por sus críticas a los dignatarios eclesiásticos y apelaciones a la renovación interna de la Iglesia, hasta tuvo que comparecer ante el Papa. Incluso no dudó en tachar al emperador Carlos IV de Anticristo. Sin embargo, el sabio monarca no prestó demasiada atención al predicador y no intervino contra él.
Jan Milíc pronunciaba sus pregones en varias iglesias praguenses, pero sobre todo en la Capilla de Belén, el espacio religioso más grande de Europa Central de entonces, donde cabían hasta 3000 personas. Por ello, Juan Hus no entraba en campo desconocido cuando pronunció al público sus primeros pregones.

Emperador romano-germánico Carlos IV

Juan Hus nació alrededor del año 1371 en la aldea de Husinec, cerca de Prachatice, ciudad en el extremo sur de la República Checa actual. Como joven llegó a Praga para estudiar en la recién fundada Universidad Carolina, donde le fueron otorgados el título de maestre de artes libres y el de bachiller de teología. Hus fue también ordenado sacerdote y prosiguió la carrera universitaria, dando clases en la Facultad de las Artes. A principios del siglo XV fue elegido decano de la facultad y entre los años 1409 y 1410 desempeñó el papel de rector de toda la Universidad.
La actividad sermonaria de Juan Hus se inició en la iglesia praguense de San Martín a finales del siglo XIV. No obstante, la atención de toda clase de público la atrajo por sus predicaciones en la Capilla de Belén.

El contenido de los sermones reunía todos los aspectos de sus predecesores. Hus pedía la reforma y depuración de la Iglesia, criticaba la acumulación de bienes materiales por el clero, atacaba la simonía y la creciente influencia eclesiástica en la política profana.
Su doctrina, especialmente su propuesta de privar a la Iglesia de sus bienes por el poder profano, le aseguró el apoyo momentáneo del mismo rey checo, Venceslao IV, hijo del emperador Carlos IV. Sin embargo, los dignatarios eclesiásticos checos no veían con buenos ojos las constantes invectivas del predicador y se quejaron de Hus al Papa.
El sumo pontífice publicó una bula que prohibía la doctrina de Wycliff en la que Hus basó sus sermones. Juan Hus rechazó aceptar el documento papal y se negó a comparecer ante la curia de Roma, adonde fue emplazado. Por esta doble negativa Hus fue excomulgado de la Iglesia.

Capilla de Belén

Pocos años después, Juan Hus perdió también el respaldo del rey Venceslao IV, cuando criticó públicamente la venta de indulgencias, de las que sacaron partido también las arcas reales. Por consiguiente, el Papa lanzó el interdicto sobre Praga por la simpatía de la ciudad hacia los herejes. La situación se volvió insoportable para Juan Hus, por lo que se fue al campo de Bohemia del Sur, sin cesar de dar sermones al público. En el campo Hus también escribió sus obras teológicas más importantes.
Aunque ya retirado, las actividades de 
Juan Hus siempre exacerbaban a los altos representantes civiles y eclesiáticos. El emperador romano-germánico Segismundo, hermano del rey checo Venceslao, apeló a Hus a que acudiese al Concilio de Constanza, en la Alemania actual. En noviembre de 1414 apareció Juan Hus en Constanza y fue detenido y encarcelado. El tribunal insistía en que renunciase a sus ideas, consideradas heréticas. Sin embargo, Hus no lo hizo. Por ello fue proclamado hereje y condenado a la muerte en la hoguera.

Cuando conoció la sentencia del Papa que lo condenaba a ser quemado vivo, Juan Hus dijo: 
"Pueden matar el ganso (en su lengua `hus´ quiere decir ganso), pero dentro de cien años aparecerá un cisne que no podrán quemar".

Segismundo de Luxemburgo

La pena fue ejecutada el día 
6 de julio en el año 1415 delante de las murallas de Constanza.
Sobre la cabeza de Juan Hus fue colocada una corona de papel para el hereje, con tres diablos pintados y con las palabras: 
"Éste es un archihereje". Antes de la ejecución fueron quemados también varios libros suyos.
Luego Juan Hus fue atado a un palo y rechazando una vez más renunciar a su doctrina, fue quemado en la hoguera. Sus cenizas fueron arrojadas al cercano río Rhin, para que no quedase ni un rastro de él. Un año después de su ejecución, murió en la hoguera otro reformador checo, Jerónimo de Praga, acusado también de herejía.
La revolución husita y las actividades de Juan Hus fueron fruto de la situación que surgió en el Reino Checo en las postrimerías de los siglos XIV y XV. Paradójicamente, los orígenes de la crisis remontan a Carlos IV, el más hábil monarca sobre el trono checo. Este soberano pío otorgó gran poder a la Iglesia.

Con el tiempo y tras la muerte del emperador, los eclesiásticos venían abusando de sus ventajas, inclinándose más a la vida disoluta y abandonando el camino de la fe. El reino checo no encontraba un apoyo en el trono, ya que el hijo de Carlos IV, Venceslao IV, no alcanzaba la grandeza de su padre.

"Venceslao IV fue un soberano muy culto, pero a diferencia de su padre, muy mimado. Sus consejeros los reclutó de las filas de los hidalgos, lo que no vio con buenos ojos la alta nobleza. Además entraba a menudo en conflicto con el arzobispo de Praga" matizó el historiador checo Frantisek Smahel.

El declive moral alcanzó mayores dimensiones que en el resto de Europa. Por ello, las actividades reformistas tuvieron una repercusión más grande entre la población, especialmente entre los pobres.
El núcleo que más insistía en los cambios de la sociedad se formó en la Universidad de Carlos. Los profesores no se limitaban en sus apelaciones solamente al ambiente académico, sino que también salían al público y la voz que sonaba más potente era la de Juan Hus. El programa de los letrados, liderados por Juan Hus, se basaba en la Biblia como autoridad suprema y exigía el cumplimiento estricto de los modelos y principios de la Iglesia primitiva, es decir, de Jesucristo y los apóstoles. Con esos valores, Juan Hus y sus seguidores intentaban recuperar el equilibrio social. Lo más importante para Juan Hus era eliminar los defectos que padecía la Iglesia de entonces, ya que se consideraba buen católico.

Venceslao IV

El reformador quería depurar de esa manera a toda la Europa católica, que se veía desintegrada, ya que en aquel entonces reinaban dos papas, uno en Roma y otro en Avignon, en Francia. El conflicto principal brotó entre Hus y la Iglesia cuando el pregonero afirmó que los subordinados o súbditos no tenían que obedecer a sus amos si éstos viven en pecado evidente. Además, en su opinión, consideraba como juez supremo a Cristo, lo que aceleró la revuelta social.
Lo más importante para Juan Hus era el código moral que cada uno debe cumplir cada día de su vida.
"Juan Hus deseaba una sociedad armónica que luchase contra el pecado. Sin embargo su visión no era revolucionaria, sino reformista. No quería eliminar los vicios de los sacerdotes deshaciéndose de ellos, sino, al contrario, cambiándolos por cualidades. Asismismo no se propuso cambiar el orden de la sociedad, solamente quería que ésta mejorase" sostuvo el historiador checo, Frantisek Smahel.

El emperador Segismundo, hermano de Venceslao IV, veía un peligro en las ideas de Hus, que amenazaban con deteriorar la relación secular entre señores feudales y súbditos. Por ello, el monarca pidió a Juan Hus que renunciase a sus ideas para salvarse. Pero Juan Hus se mantuvo fiel a su doctrina y su rechazo lo pagó con su vida.

Juan Hus murió en la hoguera, pero sus ideas sobrevivieron.
El Reino Checo se convirtió en el escenario de la contienda entre los partidarios de la Iglesia católica y los husitas, como se denominaban los simpatizantes de la doctrina de Juan Hus que se esforzaban por vivir según ella.
El rey Venceslao IV murió en la víspera de la revolución husita.
El emblema de los husitas, que luego ostentaban en sus banderas, era el cáliz, que simbolizaba la comunión "sub utraque specie", o sea tanto la hostia, como el vino, destinado para el celebrante y para todos los participantes de la misa.
El programa del movimiento, basado en los sermones de Juan Hus, se plasmó en los cuatro Artículos de Praga, que resumían los puntos principales de la ideología husita. El lema de los husitas era "La verdad vence a todo", que luego pasó también al estandarte de los presidentes checos.

El movimiento guerreó contra los enemigos internos, y también contra Roma. Las huestes husitas, liderados por el invencible capitán Jan Zizka de Trocnov, derrotaban a sus enemigos de ambos campos. Con el tiempo, los husitas se dividieron en varias fracciones. En la batalla de Lipany, en 1434, la parte radical fue derrotada por los liberales y la revolución husita, desde el punto de vista militar, fue concluida.

No obstante, el legado de Juan Hus fue conservado, y aunque sus partidarios vivían en reyertas constantes con los católicos, siempre ejercieron una influencia notable sobre los acontecimientos en el territorio checo. En el siglo XVI, las ideas de Juan Hus influyeron bastante a otro importante reformador religioso- al alemán Martin Lutero, cuyas actividades sacudieron todavía más los fundamentos de la Iglesia católica en Europa.
Sin embargo, después de la batalla en la Montaña Blanca, el Reino Checo fue sujeto a la rigurosa reformación católica de la dinastía reinante de los Habsburgos austríacos y la influencia de los husitas fue minimizada. No obstante, más que 500 años después de la muerte de Juan Hus, en 1920, el sacerdote Karel Farský fundó la Iglesia Husita Checoslovaca, que desempeña su papel hasta el presente.

Krakovec

La conmemoración de la Muerte de Juan Hus en la hoguera tiene una larga tradición en Bohemia Central, donde, en un promontorio por encima del río Berounka, se alza el castillo medieval de Krakovec. Fue en ese lugar donde Juan Hus permaneció varios días antes de encaminarse al concilio de Constanza. Desde el castillo escribió también varias cartas a sus partidarios. Dicha tradición surgió ya en 1921, y a pesar de haber sido interrumpida por los nazis y los comunistas, se ha mantenido hasta el presente.

"El aniversario de la Muerte de la Hoguera de Juan Hus se celebra desde hace mucho. Antes se solían encender hogueras y fuegos para rendir homenaje al reformador. Ahora, las fiestas cuentan con una audiencia abundante de visitantes de todas partes. El programa tiene lugar al aire libre y dura tres días. El primer día, bajo el castillo Krakovec, recordamos a Juan Hus encendiendo una hoguera, seguida de una escenificación teatral y canto. El segundo día se celebra la misa en el castillo y el tercer día el mismo personal del castillo organiza el programa." explicó el alcalde de Krakovec, Petr Jelínek.

Monumento a Juan Hus en la Plaza de la Ciudad Vieja, Praga

Juan Hus, el famoso reformador checo, se recuerda en muchos otros sitios de la República Checa. En la capital de Praga, en el corazón del casco antiguo, la Plaza de la Ciudad Vieja, se halla un monumento a Juan Hus. La estatua del predicador de pie es de bronce y fue realizada en 1911 por el escultor Ladislav Saloun. Muy cerca de la plaza, en el patio del Carolinum, o sea del edificio histórico de la Universidad Carolina, fue colocada otra estatua de Juan Hus sentado y vestido con el atuendo académico. Una calle céntrica de la Ciudad Vieja lleva el nombre del reformador y su nombre suele ponerse asimismo a todos los templos modernos de la Iglesia Husita.
Además de su obra espiritual, también se recuerdan los méritos que Juan Hus tuvo en el campo de la linguística y la gramática checas. Fue él quien hizo cambios importantes en la ortografía checa, que acompañan a los checos hasta el presente.

Fuente: Jaroslav Srmz 
Daniel E. Dañeiluk
www.biografas.blogspot.com
www.todosprotestantes.com
Lectura complementaria recomendada: 
Héroes cristianos: John Huss

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