viernes, 8 de enero de 2010

El gran pez

El gran pez



Dirigida por Tim Burton, con Ewan McGregor, Albert Finney, Jessica Lange, Alison Lohman, Billy Crudup, Helena Bonham Carter, Danny DeVito.

Después del traspié que supuso la remake de El planeta de los simios, Tim Burton había sembrado muchas dudas sobre sus futuros trabajos. Pero con El gran pez, su film menos oscuro pero no por ello menos creativo y atrevido, todas ellas se despejan.
Esta película cuenta la historia de Edward Bloom (interpretado en diferentes momentos de su vida por Ewan McGregor y Albert Finney), un hombre querido por todos, que siempre tiene una historia a mano que supera todos los límites de la realidad. Toda su vida parece haber transcurrido en una dimensión paralela a la nuestra, algo que puede aceptar sin problemas su esposa (Jessica Lange) pero que no entra en la cabeza de su hijo –Billy Crudup–, un periodista que no aguanta la tendencia de su progenitor a inflar acontecimientos de su vida para llamar la atención, lo que lo ha llevado a enemistarse con él. Cuando la salud de Edward sufre una grave recaída, el hijo vuelve al hogar no sólo para acompañarlo en sus últimas horas, sino también para averiguar la verdad. Toda la verdad. Lo que asimismo será una excusa perfecta para que el espectador pueda saber cómo fue la vida de Bloom, que incluye momentos de todo tipo: alegres, insólitos, aterradores, tristes, melancólicos, románticos, etc. Todos ellos entremezclados, apasionantes, desbordantes de imaginación.





El gran pez no sólo es una bella película, sino también una película inteligente, que se permite reflexionar sobre el arte de la narración oral y sus consecuencias en la transformación de un relato, activando en el público una evocación por las historias transmitidas por los padres en las que la memoria expande todo. No hay grises, todo es extremo, y se quiere escuchar el cuento una y otra vez. Pero la infancia termina, los requisitos hacia los mayores son otros y los cuestionamientos no tardan en llegar. Los padres dejan de ser la única referencia con respecto al mundo exterior y uno empieza a hacerse su propia idea del universo. Es lo que le pasa al hijo de Edward Bloom, quien necesita que la figura de autoridad del padre no se diluya en un montón de historias fantasiosas. Necesita una guía, algo que le permita recuperar el respeto por su padre, pues el cuestionamiento sólo forma parte de una búsqueda de entendimiento definitivo.


Es alguien que simplemente se atreve a ver la realidad sólo como la posibilidad de una aventura y consigue seguir la senda del misterio que oculta el marco rutinario de la vida.

Puede demostrar así a lo largo de su existencia que puede haber fantasía y maravillas en todos lados, con sólo aplicar una mirada diferente.

El personaje se entrega a lo desconocido con verdadera pasión y no deja de asombrarse de las consecuencias de su entrega sin condiciones.

Le ocurren las cosas más disparatadas, que son reales, tangibles y ciertas, pero que en su imaginación parecen fantásticas, sólo porque él acepta las cosas de la realidad que para él tienen un contenido mágico.

Las criaturas que lo rodean son idealizadas y adquieren características asombrosas.

Conoce al amor romántico, que para él, es el amor verdadero y eterno, que no admite traiciones ni engaños, sino sólo la fidelidad absoluta que le permite ejercer su libertad única.

No elude los compromisos ni los peligros de la guerra y milagrosamente sobrevive, apareciendo posteriormente después de haber sido dado por muerto, como un fantasma.

Se encuentra involuntariamente involucrado en el robo de un banco y le sigue la corriente al ladrón, que no se puede llevar casi nada, y descubre que conocía al delincuente; era alguien que encontró en un extraño pueblo, y a quien, con su natural disposición había ayudado, cuando se encontraba bloqueado, sin saber cuál era su verdadera vocación. Gracias a sus consejos se había emancipado, y había elegido ser ladrón.



Con ese encuentro aparentemente fortuito la vida del delincuente dará un vuelco al verse obligado a abandonar su actividad debido a la crisis bancaria, decidiendo dedicarse esta vez, aconsejado nuevamente por su amigo, a la bolsa de valores que lo convertirá en un millonario.

Así, de esta manera, con su dinero, tendrá la oportunidad de corresponderle, ayudándolo tiempo después a convertir en realidad una utopía.

Ese inusual discurrir de su existencia es ampliamente entendido por su mujer que lo ama y lo comprende, pero no por su hijo que debido a la vida aventurera de su padre como corredor de ventas, casi no lo conoce, porque el trabajo de viajante, lo obliga a estar lejos del hogar por mucho tiempo.

Su hijo no puede comprender que esa es la tarea justo para él, porque es un hombre que no concibe la vida atado a un escritorio para trabajar de nueve a cinco, ni acostumbrarse a la rutina cotidiana de una familia.

Es que todo hombre que es fiel a si mismo, no puede hacer otra cosa que no sea lo que es para él, para poder lograr cumplir así con su destino.

Recién cuando está en su lecho de muerte, su hijo descubre que la fantástica vida de su padre no había sido pura fantasía, como él creía y es en ese momento cuando lo comprende y lo perdona.

No había sido el vendedor charlatán que le contaba historias inverosímiles que no podía comprender, sino que había sido un verdadero héroe; y que todos esos personajes increíbles que lo acompañaron en esa trayectoria existían y lo conocían, y quisieron rendirle honores en su funeral, acompañándo sus restos hasta el cementerio.

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bibliografia consultada

  • http://www.cineismo.com/criticas/gran-pez-el.htm
  • http://filosofia.laguia2000.com/filosofia-y-arte/la-metafora-y-la-cosmovision

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