martes, 5 de enero de 2010

Francis Crick

Francis Crick

Primogénito en una familia de zapateros, Harry y Elizabeth Crick (con apellido de soltera Wilkins), en Weston Favell, un pequeño pueblo en Northampton en el que se crió. Desde pequeño tuvo interés en la ciencia y aprendió todo lo que podía de los libros. De niño, era llevado a la iglesia Congregacionalista por sus padres, y a la edad de 12 años le dijo a su madre que ya no quería asistir. Prefirió la investigación científica a las creencias de cualquier dogma. Asistió a la escuela Northampton Grammar School (hoy Escuela Northampton para Niños) y después de los 14 años recibió una beca para estudiar Matemáticas, Física y Química en la Mill Hill School de Londres. Estudió física en el University College London, después de ser rechazado por la Universidad de Cambridge, licenciándose en ciencias en 1937 a los 21 años. Sus contemporáneos en investigación sobre el DNA Rosalind Franklin y Maurice Wilkins asistieron a la Universidad de Cambridge, en Newnham y St. Johns, respectivamente.
Así, para su doctorado trabajó en un proyecto para medir la viscosidad del agua a altas temperaturas, al que luego describió como aburrido, en el laboratorio del físico Edward Neville da Costa Andrade, pero con el inicio de la Segunda Guerra Mundial, un incidente en el que una bomba cayó sobre el techo del laboratorio, destruyendo su aparato experimental, truncó su carrera de físico.
En la Segunda Guerra Mundial, se incorpora en 1939 y trabaja en minas submarinas magnéticas y acústicas por encargo de la Royal Navy británica. Trabajó en el diseño de una nueva mina, que fue efectiva contra los rastreadores de minas alemanes. Al terminar la guerra, se interesó por la biología y la química.
Después de la guerra, en 1947, Crick comenzó a estudiar Biología y formó parte de una migración importante de científicos del área de la Física a la investigación biológica. Esta migración fue posible debido a la influencia de físicos como John Randall, que ayudó a ganar la guerra con inventos como el radar. Crick tuvo que pasar de la "elegancia y profunda simplicidad" de la Física, a los "elaborados mecanismos químicos en que la selección natural ha evolucionado a lo largo de miles de millones de años". Describió esta transición "casi como si uno hubiera nacido otra vez". De acuerdo con Crick, la experiencia de aprender Física le enseñó cosas importantes, y la convicción de que como la Física era ya un éxito, también se podrían lograr grandes avances en otras ciencias como la biología. Crick sintió que esta actitud lo animó a ser más atrevido que los biólogos típicos, que tendían a preocuparse de los problemas de la biología, sin prestar atención a los logros obtenidos en Física.
Durante casi dos años, Crick trabajó estudiando las propiedades físicas del citoplasma en el Cambridge Strangeways Laboratory, encabezado por Honor Bridget Fell, hasta que se unió a Max Perutz y John Kendrew en el Laboratorio Cavendish en Cambridge. Este laboratorio estaba bajo la dirección general de Sir Lawrence Bragg, un ganador de Premio Nobel en 1915 a la edad de 25 años. Bragg fue una influencia importante en el esfuerzo de ganarle al físico americano, Linus Pauling, en descubrir la estructura del ADN, después de que este determinó la estructura alfa-hélice de las proteínas. Al mismo tiempo, también competía con el laboratorio de Sir John Randall, que rechazó a Crick en su laboratorio. En 1951 comienza a trabajar con James Watson y consagra todo su tiempo a la estructura de la molécula ADN, ya identificada por los biólogos como llave para el inicio de la comprensión de la genética.
Basándose en análisis cristalográficos por rayos X de Rosalind Franklin, sobre las competencias específicas en genética y en procesos biológicos de Crick y en cristalografía de Watson, proponen la estructura en doble hélice de la molécula de ADN, publicada el 25 de abril de 1953 en la revista Nature.
La estructura de la molécula en doble hélice que es el ADN dio al mundo la llave para entender todos los secretos de la vida: toda la vida en la tierra existe únicamente gracias a este omnipresente ADN, desde la bacteria más pequeña hasta el hombre. Este descubrimiento le valió el premio Nobel de Medicina en 1962 junto a James D. Watson y al británico de origen neozelandés Maurice Wilkins, cuyos trabajos sirvieron de base.
Mientras numerosos equipos de científicos hacían esfuerzos, baldíos por carecer de microscopios lo suficientemente potentes, para tratar de leer la estructura de la molécula, Crick y Watson descubrieron que haciendo cristalizar la molécula y sometiéndola a haces de rayos X de los que se estudiaba a continuación los distintos modos de difracción era posible reconstruir la forma de la molécula y entender su funcionamiento.
Cada parte de la molécula lleva cuatro bases químicas enfrentadas dos a dos: la adenina con la timina, y la citosina con la guanina. Estas cuatro bases químicas abreviadas como A, T, C y G, constituyen el alfabeto por el que se escriben los genes a lo largo de las cadenas de ADN. Explican también que cada parte de ADN es un doble espejo del que tiene enfrente, lo que explica por qué el ADN puede copiarse y reproducirse. Crick y Watson empiezan a estudiar el cifrado del ADN, que finalizará en 1966. Obtuvo la Royal Medal en 1972
En 1973, entró en el Salk Institute for Biological Studies de la Universidad de San Diego para llevar a cabo investigaciones en neurociencias. Dedicó sus esfuerzos a la comprensión del cerebro, y proporcionó a la comunidad científica numerosas ideas e hipótesis, y la demostración experimental de la transmisión de imágenes fijas a 50 Hz por la retina al cerebro, lo que es una aportación fundamental para el futuro de las teorías de la percepción visual.
En 1976, acepta un puesto de profesor en la Universidad de San Diego, y se instala en La Jolla frente al Océano Pacífico.En 1995, deja su puesto de Presidente del Salk Institute for Biological Studies por razones de salud. Murió el 28 de julio de 2004 en el Hospital de la Universidad de San Diego, a los 88 años, como consecuencia de un cáncer de colon.
The Central Dogma. This states that once ‘information’ has passed into protein it cannot get out again. In more detail, the transfer of information from nucleic acid to nucleic acid, or from nucleic acid to protein may be possible, but transfer from protein to protein, or from protein to nucleic acid is impossible. Information means here the precise determination of sequence, either of bases in the nucleic acid or of amino acid residues in the protein.
El Dogma Central. Esto indica que una vez que la "información" ha pasado a la proteína, no puede salir de nuevo. En más detalle, la transferencia de información desde el ácido nucleico hasta el ácido nucleico, o de ácido nucleico a la proteína puede ser posible, pero la transferencia de la proteína a proteína, o de la proteína a ácido nucleico es imposible. De la información significa aquí la determinación precisa de la secuencia, cada una de las bases en el ácido nucleico o de residuos de aminoácidos en la proteína.(trad. al esp. por google) [1]

A pesar de su imagen pública, Crick era devoto de Aldous Huxley y miembro fundador de un grupo llamado Soma que en esos años abogaba por la legalización del cannabis, y en nombre del cual incluso pondría su firma en una carta al periódico británico The Times para que la reforma de las leyes antidroga sea considerada.
Soma tiene que ver con la creación del mayor laboratorio clandestino de LSD en Europa, el cual funcionó desde 1973 hasta su desmantelamiento en 1977. Así mismo, Crick conoció a Dick Kemp, un famoso y brillante bioquímico que purificaría la producción de la LSD en los años setenta y que sería perseguido por distribuir gratuitamente dicha droga.
Según dice el artículo, en una ocasión Crick le dijo a Kemp que algunos académicos en Cambridge usaban LSD en pequeñas cantidades como una herramienta del pensamiento, que los liberaba de las preconcepciones y que los ayudaba a alcanzar ideas nunca antes alcanzadas. Crick le reveló a Kemp que fue precisamente mientras estaba en LSD que percibió la forma de la doble-hélice estructural del ADN, pero también le advirtió que si publicaba alguna palabra de eso lo demandaría por difamación.
"Crick, que murió con 88 años, dijo en alguna ocasión a un científico, colega suyo, que con frecuencia utilizó pequeñas dosis de LSD, entonces utlizado en psicoterapia de manera experimental como medicamento, para incrementar su capacidad de pensamiento. Admitió que fueron los efectos del LSD los que le ayudaron a develar la estructura de doble hélice del ADN, descubrimiento que le haría ganar el Premio Nobel." [2]

En su libro The Origin of the Genetic Code (1968), Crick comienza escribiendo Naturaleza en mayúscula cuando se halla a la mitad de su obra. En su anterior obra Of Molecules and Men, escrita un año antes, no trata a la naturaleza como algo neutro, sino como algo personal.(En el idioma inglés, el artículo determinado, masculino o femenino, se emplea solamente para personas o animales; para las cosas se usa el neutro. Crick emplea el artículo femenino para hablar de la naturaleza (she) y no el neutro (it) como correspondería. — Nota del traductor.)
En otras palabras, personaliza lo que por definición es impersonal, si nos atenemos a su propio sistema. ¿Por qué? Porque no puede-sufrir las implicaciones de la impersonalidad; esta clase de misticismo semántico que juega con las palabras da consuelo a ciertas personas atrapadas en el lazo de lo impersonal. Según su propia definición, Crick vive en un universo impersonal, pero mediante la concatenación de las palabras que emplea, personaliza el universo impersonal y llama «inteligente» a la selección natural. Esta manera de hablar hace que la gente acabe sin comprender lo que lee. [3]

Mariano Artigas, sacerdote del Opus Dei especialista en filosofía de la ciencia, realiza una critica afirmando que Crick mezcla interesantes perspectivas científicas con un materialismo barato y anti-religioso, impropio de un premio Nobel.
El título resume la intención del libro y explica por qué va a fracasar. En efecto, ¿cómo se podría encontrar el alma espiritual mediante los métodos científicos? Los experimentos deben tener resultados observables y repetibles. Por tanto, sólo permiten estudiar lo material. Sin embargo, el Dr. Crick afirma que la ciencia puede juzgar el problema del alma.
Crick no sólo habla del reduccionismo, sino que lo define y lo defiende. Por "enfoque reduccionista" entiende "que un sistema complejo pueda explicarse por el funcionamiento de sus partes y las interacciones entre ellas". Crick se pregunta si hay unas partes últimas a las que todo se reduce, y contesta: "¿Dónde acaba ese proceso? Afortunadamente, hay un punto natural de parada, a la escala de los átomos químicos". Y luego haceun elogio del reduccionismo, afirmando que "es el principal método teórico que ha guiado el desarrollo de la física, la química y la biología molecular".
Se trata, por tanto, de estudiar al hombre reduciéndolo a sus partes, a los átomos en último término, y a las interacciones entre ellas. O sea, a física, química y biología. Desde luego, no hace falta ser un lince para advertir que ese método es legítimo, pero nunca nos llevará hasta el alma. Muchos pensadores ilustres han atacado el reduccionismo. Por ejemplo, Bergson decía que no podemos comprender qué es un gato haciéndolo pedazos y tratando luego de juntarlos: podremos conocer algunos aspectos del gato, pero lo que de verdad es un gato vivo no se puede conocer así. Y tenía razón.
El "reduccionismo metodológico" es útil en la ciencia: se estudian los componentes, se aíslan, se realizan experimentos en condiciones controladas, y así aprendemos muchas cosas. Pero se trata sólo de un método, que tiene sus limitaciones. Muchas cosas no pueden ser conocidas así. El "reduccionismo filosófico" sostiene que sólo existe lo que puede someterse a estudio experimental; pero esto ya es filosofía, no ciencia, y por cierto es mala filosofía, porque nada autoriza a negar la existencia de lo que no se pueda someter a un método particular, por importante que sea ese método. El reduccionista filosófico se pone unas orejeras para no ver más que lo que tiene delante de las narices. Las orejeras pueden ser útiles y, a veces, necesarias para no perderse en la complejidad de los problemas, pero no debería olvidarse que la realidad es más amplia de lo que permiten ver las orejeras.
El Dr. Crick nos dice que la ciencia del cerebro no encuentra el alma y, en cambio, encuentra neuronas y procesos neuronales por doquier. Pero, ¿qué pensaríamos de alguien que va al fútbol y volviera defraudado, diciendo que los jugadores no han tocado la novena sinfonía de Beethoven? Le diríamos que para oír a Beethoven hay que ir a un concierto, no a un campo de fútbol. Pues aquí sucede algo semejante. La ciencia nos proporciona conocimientos interesantísimos, pero nunca nos ha dicho ni nos dirá nada sobre las dimensiones espirituales de la realidad, y eso no significa que esas dimensiones no existan.
Lo que puede desconcertar es que un premio Nobel caiga en tan elemental error. Pero es que los premios Nobel, cuando se salen de su tema, saben tanto (o tan poco) como los demás. El propio Dr. Crick escribe: "No todos los neurocientíficos creen que la idea del alma sea un mito (sir John Eccles es la excepción más notable), pero sí la mayoría". Eccles es premio Nobel por sus estudios sobre el cerebro, y defiende a capa y espada que cada persona humana posee un alma espiritual creada por Dios. De todos modos, el problema del alma no se puede solucionar apelando a votos, mayorías ni premios Nobel.
Crick propone una "hipótesis revolucionaria". ¿Cuál es? En sus propias palabras, "la hipótesis revolucionaria es que 'usted', sus alegrías y sus penas, sus recuerdos y sus ambiciones, su propio sentido de la identidad personal y su libre voluntad, no son más que el comportamiento de un vasto conjunto de células nerviosas y de moléculas asociadas. Tal como lo habría dicho la Alicia de Lewis Carroll: 'No eres más que un montón de neuronas'. Esta hipótesis resulta tan ajena a las ideas de la mayoría de la gente actual que bien puedecalificarse de revolucionaria".
No creo que la hipótesis sea tan revolucionaria. Es la hipótesis materialista, tan vieja como la filosofía. Crick habla de no ser "nada más que". En filosofía, eso se llama "reduccionismo", porque significa "reducir" algo a uno de sus aspectos. Es una posición peligrosa, porque la realidad es rica y compleja. El reduccionista quiere encorsetar la realidad, meterla en una camisa de fuerza en la que no cabe lo que a él no le gusta, aun a costa de dejar fuera aspectos importantes.[4]

Notas
[1] Crick, 1958, p. 153, http://es.wikipedia.org/wiki/Francis_Crick
[2] http://www.quimica.es/enciclopedia/es/Francis_Crick/
[3] http://www.unav.es/cryf/elcientificismohoy.html
[4]http://www.unav.es/cryf/elcerebrodecrick.html


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