viernes, 15 de enero de 2010

G. E. Wright, Arqueología Bíblica

G. E. Wright, Arqueología Bíblica
31.01.08 @ 09:54:02. Archivado en Libros

G. E. Wright, Arqueología Bíblica, Ediciones Cristiandad, Madrid 20022, 565pp.



En 1962 aparecía la segunda edición en inglés de la “Arqueología Bíblica” de Wright. Cuarenta años después, Ediciones Cristiandad, que ya había traducido en su momento esta obra, ha decidido reeditarla. En su gran mayoría, los hechos y comentarios originales conservan plenamente su vigencia. No obstante, a fin de actualizar los contenidos en aquellos puntos lo requerían, Cristiandad ha encomendado a Carolina Aznar Sánchez, investigadora en la Universidad de Harvard, una amplia introducción que presentara un balance de los progresos de la arqueología bíblica en los últimos 40 años. De esta manera, el lector tiene a su disposición un manual clásico de calidad sobradamente acreditada y un status quaestionis capaz de informarle de los avances logrados y las conclusiones obtenidas en las cuatro últimas décadas.George Ernest Wright (1909-1974) Experto Arqueólogo Bíblico y estudioso del Antiguo Testamento. Reconocido especialmente por su trabajo de estudio y datación de vasijas. Defensor de la importancia del Antiguo Testamento para el estudio de la fe cristiana. Nació en Ohio. Hijo de un ministro presbiteriano, en 1934 el mismo recibió la ordenación. Estudió con William Foxwell Albright en la Johns Hopkins University, donde se licenció y obtuvo su doctorado. Profesor de Historia del A. Testamento en el McCormick Seminary durante veinte años. Entró a formar parte del Claustro de Harvard Divinity School en 1958, donde fue también responsable del Museo Semítico hasta su muerte en 1974. Publicó numerosas monografías y artículos relacionados con la Teología Bíblica y la Arqueología Palestina. Fue también fundador de la revista The Biblical Archaeologist y pudo dirigir varias expediciones arqueológicas: (1956-1974) Drew-McCormick Expedición Arqueológica a Shechem; (1964-1965) Expedición Arqueológica a Tell Gezer de la Hebrew Union (1971-1974) Expedición americana a Idalion, Chipre.

Oficialmente lo llaman segunda edición. A mí, en este caso, me gusta más aquella fórmula ya citada para las segundas y sucesivas ediciones “corregida y aumentada”. Los buenos críticos dicen que en este tipo de obras las correcciones vienen muy bien, pero aumentar el grosor de un libro no suele garantizar su éxito de ventas. Y no es que quiera hacer de estas líneas una descripción pragmática de lo que debe o no debe de ser una segunda o tercera edición de una obra, pero sí me parece importante destacar el contenido novedoso de la que es segunda edición de una de las obras clave de la Introducción General a la Sagrada Escritura, del mundo de la Biblia, de la exégesis bíblica, de la interpretación de la Biblia en la Iglesia -prafraseando el documento de la Pontificia Comisión Bíblica-. En todo caso, me interesa destacar la noticia de la reedición o segunda edición en español de la obra de G. Ernest Wright “Arqueología Bíblica”.
Para quienes en su día estudiamos la primera edición castellana de la “vieja” Cristiandad que había aparecido en 1975, aquella era una obra magistral, una edición ilustrada con fotografías -aunque en blanco y negro- en buen papel, con una magnífica encuadernación y una cubierta más que sugerente. La obra, por aquel entonces, era una de las fuentes para el estudio de la Biblia. Conocer la arqueología bíblica de Wright era tener acceso a lo esencial del mundo de la investigación de última hora. Valiente Malla había hecho honor a su apellido, y con él nuestro querido San Miguel, apostando por la edición de un libro de gran atractivo. El resultado había sido un imponente manual de arqueología bíblica en donde se daban cita los presupuestos metodológicos de la arqueología bíblica como reflejo de la evolución e historia de una tierra por la que han pasado muchas culturas y civilizaciones. ¿Quién no ha oído hablar de los trabajos arqueológicos de doña K.M. Kenyon, de los trabajos de W.F. Albright, de los estudios de Macalister y Barton. Los grandes personajes de la arqueología bíblica aparecían en primera línea de la investigación.
Los descensos traqueteantes de la vida y la situación en la que permaneció la editorial Cristiandad tras la muerte de su director llevaron a un impás a esta obra que vio como sus últimos ejemplares desaparecían de las estanterías de las librerías. La editorial estaba prácticamente desaparecida pero la obra de Wright seguía vendiéndose hasta que se agotó. Con el reciente resurgimiento de la editorial, sus nuevos directores han decido recuperar aquellas obras de mayor prestigio y renombre. La “arqueología Bíblica” de Wright era, sin duda, una de las primeras que tenía que volver a pasar por la imprenta. Con acierto editorial, a día de hoy volvemos a tener la oportunidad de acercarnos a este libro rejuvenecido y nuevamente cabecera de biblistas y exégetas. Veintidós años después de su primera edición, vemos renacer a la segunda. Bajo un nuevo formato: más estrecho, nueva portada -que hace a la obra miembro de honor de la colección de Sagrada Escritura-, ahora aquellas ilustraciones en blanco y negro han pasado a un apéndice fotográfico al final del libro y, eso sí, más páginas.
Aquí quería llegar, al número de páginas. Decía, anteriormente, lo de la fórmula clásica de la “segunda edición corregida y aumentada”. Fórmula que en esta ocasión se cumple a primera vista cuando uno pone los ojos sobre el nuevo libro por vez primera. Lo recuerdo: la primera edición contaba con 400 páginas y la segunda con 565 páginas. Y no es que el nuevo formato determine el aumento cuantitativo de celulosa. Sino, más bien, el nuevo prólogo e introducción a esta nueva edición son los responsables del aumento de paginación. Una introducción de casi un centenar de páginas que contienen -abajo daré cuenta de ello- la gran aportación de esta obra y determinan que siga siendo referencia obligada como fuente de trabajo e investigación para el gremio de los biblistas. La introducción centenaria la ha elaborado la arqueóloga española Carolina Aznar Sánchez que trabaja desde hace años en el W.F. Albright Institute of Archaeological Research de Jerusalén y en el Instituto Español Bíblico y Arqueológico de Jerusalén (Casa de Santiago). Creo no ceder a la subjetividad sentimental si sostengo que la gran novedad de esta edición está precisamente en esta introducción. La gran aportación y novedad son las casi cien páginas que actualizan el contenido de la obra, que ponen al día la bibliografía, que presentan las novedades que han ido apareciendo desde la publicación de la primera edición de la obra hasta hoy. Con toda seguridad, las páginas de Carolina Aznar son el mejor prólogo que se podía hacer a una obra como la de Wright casi cuarenta años después de su publicación en inglés y casi treinta en castellano.
La introducción de Aznar recupera elementos de la arqueología bíblica pasados por alto por el arqueólogo Wright. La más reciente investigación arqueológica sigue los pasos trazados por Aznar que analiza la arqueología bíblica a través del siguiente itinerario: 1) El paleolítico (ca. 1,4 millones de años - 8350/8000 a.C.). 2) El neolítico (ca. 8300/8000 - 4500 a.C.). 3) El calcolítico (ca. 4500-3500 a.C.). 4) El bronce antiguo (ca. 3500-2250 a.C.). 5) El bronce antiguo IV [bronce medio, bronce intermedio] (ca. 2250-2000 a.C.). 6) El bronce medio II (ca. 2000-1550 a.C.). 7) El bronce final [bronce reciente] (ca. 1550-1200 a.C.). 8) El período del hierro I (ca. 1200-1000 a.C.). 9) El período del hierro IIA (ca. 1000-800 a.C.). 10) El período del hierro IIB (ca. 800-700 a.C.). 11) El período del hierro III (ca. 700-586 a.C.). 12) El periodo babilonio (ca. 586-538 a.C.). 13) El período persa (ca. 538-332 a.C.). 14) El período helenístico-asmoneo (ca. 332-63 a.C.). 14) El período romano (63 a.C.-70 d.C.). Esta estructura de la introducción nos permite establecer un claro itinerario arqueológico de la mano de la historia. La misma introducción de Aznar pone en evidencia que arqueología bíblica e historia bíblica (también historia de Israel) están estrechamente ligadas.
Esta nueva estructuración histórica de la arqueología bíblica que presenta Carolina Aznar completa la visión apuntada por Wright a lo largo de su obra con títulos tan sugerentes como “gigantes en la tierra”, “forasteros en Egipto”, “la edad de oro”, “el tizón salvado del incendio”,... Títulos que respondían a etapas bien precisas de la historia y de la arqueología bíblica pero que un manual de arqueología -como lo es el de Wright- necesita definir a través de la sobriedad y el rigor de unas fechas -aunque éstas sean aproximadas, como no puede ser de otra manera-.
A decir verdad, las páginas de la arqueóloga española enriquecen enormemente el programa de trabajo de Wright. Sin esta introducción no hubiera sido interesante volver a editar el trabajo de Wright. Aznar ha sabido, desde el primer momento, adaptar su lenguaje y contenidos a una obra clásica y convertirla en uno de los mejores manuales de arqueología bíblica de última hora.
Quedan, sin embargo, alguna notas por decir, algunas aclaraciones que el lector debe conocer, determinadas opiniones que determinen la mirada subjetiva de quien se acerca a este libro por primera vez. Sin que ello desmerezca, en ningún momento, la nueva edición de una obra que no podía permanecer más tiempo sin ser reeditada.
En primer lugar creemos que el traslado de las imágenes fotográficas al final del libro ha sido un error editorial. Mientras que en la primera edición el lector podía ver ilustrado el contenido del texto con una fotografía en forma de comentario gráfico, en este segunda edición, el lector ha de abandonar la página en su lectura y trasladarse al final de la obra para, en forma de apéndice, encontrarse con la fotografía de rigor que ilustra el texto que está leyendo. En este sentido creemos que la primera edición resultaba más fácil, cercana y didáctica, a sabiendas que las ilustraciones no han sido actualizadas y mantienen el formato originario de la imagen en blanco y negro.
En segundo lugar creo que las razones de una buena metodología bibliográfica se imponen ante la estética de la nominación hispana. La página titular de la obra, así como su portada, indica -además del consabido título- que el autor es G. Ernest Wright. Como en realidad lo es. Sin embargo, pienso que de la misma manera que se simplifica el primer nombre del autor bajo la inicial “G” de George, de igual forma se debería de haber hecho con el segundo nombre o sobrenombre -que no primer y único apellido- “Ernest”. Por razones prácticas el titular debería haber señalado el referente bibliográfico de la siguiente manera: G.E. Wright, y no como G. Ernest Wright. De esta manera la posibilidad de cometer errores en la citación es mayor. Al elaborar un índice bibliográfico alfabético de autores podría llegar a dudar de poner al autor de esta obra en la letra “E”, del nombre “Ernest” y no bajo la letra “W” del apellido “Wright” como correspondería.
En tercer lugar y continuando con las personalizaciones, creo que hubiera sido más propio destacar el nombre de la arqueóloga española que realiza el centenar de páginas de introducción que vuelven a poner de actualidad la obra reeditada. El nombre de Carolina Aznar no aperece ni en la portada ni en el titular de la obra. Tampoco lo encontramos en ningún otro tipo de prefacio o prólogo a la nueva edición. Únicamente la autora firma su centenar de páginas en la última línea de su valiosa aportación. De manera que el lector no descubrirá el nombre de quién es responsable de las nuevas páginas de la introducción hasta que llega a la página 105 del libro.
En cuarto lugar, hay un dato que mueve a confusión en la precisión metodológica. Se trata de la indicación que aparece en el índice de contenidos de la página 7 en donde se anuncia la “introducción a la tercera edición” que encontramos en la página 15. Esta introducción a la tercera edición es la denominación que se da a las páginas de la arqueóloga Aznar. Sin embargo, estamos ante la “segunda edición” de la obra en castellano. Así se indica en el titular de la obra, y después se señala en la página de información oficial del libro (página 6) en donde ser recuerda que la primera edición de esta obra en castellano se realizó en el año 1975. Sólo el lector conocedor de la obra original de Wright descubrirá que la referida como “introducción a la tercera edición” sería, en todo caso, continuación al prólogo a la primera edición que hace Wright en 1955 cuando la obra es editada por The Westminster Press en Philadelphia y que en nuestra obra aparece bajo el título de “prefacio”; y al prólogo a la segunda edición que el mismo autor hace cuando la obre vuelve a ser editada en 1962 por Gerald Duckworth en Londres y que en nuestra obra aparece como “prólogo a la segunda edición” que no es otra que la inglesa. Tal vez hubiera sido más práctico para el lector, desde el punto de vista editorial, distinguir los prólogos a las dos ediciones y simplificar la denominación de “introducción a la tercera edición” como “introducción” e indicar el nombre de la arqueóloga Aznar como autora de las páginas.
Lo dicho en estas últimas líneas finales no desmerece para nada el contenido de la obra y mucho menos la centenaria introducción de Aznar. Al contrario, son pequeños detalles que pueden ser discutidos o tenidos en cuenta de cara a la próxima edición del libro que, sin duda, llegará. A fin de cuentas, la arqueología, junto a la exégesis, la filología bíblica, las lenguas originales, la paleografía, y otros muchos acercamientos de investigación se presenta como una de las fuentes más destacadas al servicio del estudio de la Biblia. El mismo Wright justifica con sólidas razones la importancia de la doctrina científica y presenta los valores de sus resultados por medio de su desarrollo científico, la recuperación de las civilizaciones perdidas, el desarrollo del método arqueológico y una interesante -aunque clásica- bibliografía sobre la arqueología bíblica. Y es que la arqueología bíblica es una de las ciencias bíblicas por excelencia. Una ciencia que Wright cataloga de interdisciplinar. La arqueología bíblica es, ante todo, arqueología y forma parte, por tanto, del mundo de la historia, de la investigación sobre el pasado, del descubrimiento y justificación de datos que confirmen los acontecimientos que pertenecen al patrimonio de la crónica y la historia. Pero la arqueología bíblica es, también, bíblica y, por extensión, parte integrante del estudio de la Sagrada Escritura, de su conocimiento, difusión, ambiente y discurso.
Felicitamos a la renovada Editorial Cristiandad por su trabajo, por el afán de volver a situarse en la vanguardia de los buenos trabajos de exégesis y teología bíblica, por facilitarnos la edición de una obra indispensable para el estudio de la Biblia. Felicitamos, también, a la joven arqueóloga española, Carolina Aznar, por su trabajo preciso y conciso convencidos, como estamos, de que la investigadora tiene mucho más que decir de lo que dice. Tras leer su contribución uno llega a la conclusión de que su trabajo bien podía ser el esbozo de su propio “manual de arqueología bíblica” que animamos y esperamos ansiosos desde este momento.

Jaime Vázquez Allegue.

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